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lunes, 5 de marzo de 2007

RESEÑAS FRESQUITAS: “ROYAL FLASH”

RESEÑAS FRESQUITAS: ROYAL FLASH
Iván Pirismo, que escribe un blog muy apañado con unos colores muy bien conjuntados y unos comentarios de unas personas muy educaditas y que no se meten con nadie sin necesidad y que se llama genteconcolmillos.wordpress.com, es un dentista que ejerce su profesión en Azuqueca de Henares. Una de sus aficiones es leer historias de terror (otras de sus aficiones son pisar uva y coleccionar acumulaciones de sarro calcificadas, pero eso no viene al caso). 
El jueves pasado tuvo a bien hincarle el diente a la novela Royal Flash, de George MacDonald Fraser, escritor británico que no tiene que sepamos relación con las hamburguesas ni con el psiquiatra de la serie que echaban en el Plus, y contarnos qué le ha parecido por si alguno de los visitantes de este blog se la encuentra en una librería

Desde siempre,cuando un compañero del trabajo me pregunta cuál es mi siglo favorito digo que es el siglo XIX (francamente, no sé qué de bueno puede traer este siglo XXI tan cacareado), así que cuando un amigo de la tertulia de Azuqueca, que volvía de la convención de aficionados a las novelas del capitán Harry Flashman (la FlashmanCon) me insistió repetidas veces en que le echara un ojo a alguna, decidí echarles un vistazo, a ver si así me dejaba tranquilo.
Hay países que son incapaces de producir una novela histórica en condiciones, pero no es ése el caso de los ingleses, que las escriben como churros y más si están ambientadas en el siglo XIX, cuando eran los que cortaban el bacalao de verdad y andaban desperdigados por tantas colonias como tenían y se podían escribir historias ambientadas en todo tipo de escenarios exóticos. Lo mismo se podría decir hoy en día de la CocaCola... estoy esperando que se escriba la gran novela centrada en las peripecias de un directivo de esa compañía recorriendo todo tipo de lugares y haciendo que mujeres de todo tipo de raza y condición queden unidas por el vínculo de haber pasado por su cama.
Afortunadamente, el protagonista no es uno de esos héroes guaperas que van restregándole a todo el mundo su heroísmo y generosidad y acaban cayendo tan mal, sino que sin duda en el autor han calado las enseñanzas de los grandes del terror que centran la acción en un ser capaz de los actos más horribles y ruines y ha hecho de él un aventurero. No un aventurero en el buen sentido de la palabra como Dick Turpin o David Balfour, sino en el mal sentido de la palabra: un tarambana que da tumbos de un lado a otro, mintiendo y trampeando como un bellaco, jactándose de ello además en unos supuestos papeles autobiográficos que escribe una vez llegada la edad de contarles batallitas a los nietos cual abuelo Cebolleta. Ahí es donde se nota que es un personaje de ficción porque las personas reales que escriben sus memorias dedican todas las páginas a autojustificarse y para muestra no hay más que ver los libros que escriben políticos y periodistas en activo.
De todas maneras, uno se lee la novela y se lo pasa como los indios, aunque no sea en esta novela de la serie donde salgan los pieles rojas (en otras han salido boers, franceses, rusos, españoles ... por salir, han salido hasta afganos y con un carácter digno de sus descendientes del siglo XX los talibanes). Quien sí sale es Otto von Bismarck, moviendo piezas en el tablero centroeuropeo y haciéndonos pensar que con la llegada de Angela Merkel la figura del canciller alemán ha ganado en femineidad, aunque francamente no mucho.
Aunque todo buen amante del género de terror pensará que puestos a utilizar a personajes históricos de esos que parece que le dan prestigio al libro, ¿por qué no a Jack el Destripador? Otro ejemplo de desperdicio: en pleno siglo XIX, con un castillo gótico con el bonito nombre de Schönhausen en el que encierran a Flashman y ni se nos da un mal detalle de las gárgolas que lo adornan ... ¡Vamos,ni un vampiro ni un triste licántropo!

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¿De qué va esto?

No sabéis dónde os metéis .... Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia del todo, pero casi. Friquis, aznarquis, hards, gafapastas, conanianos, trekkies ... todos ellos pasados por la turmix (o la thermomix) de la parodia.