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martes, 18 de junio de 2013

"DESPERDIGADOS"

Las series de televisión españolas ya tienen una de ciencia - ficción de producción nacional que llevarse a la pupila, obra del prestigioso guionista y novelista franco español Luis Miguel de Aguilé: Durante una convención de aficionados celebrada un fin de semana en la isla de la Cartuja, un recinto empresarial ubicado en la ciudad de Sevilla, se produce un temblor que, ayudado por sus defectos de construcción, provoca  el hundimiento de los puentes que unen la isla con la ciudad. Los asistentes quedan desperdigados (de ahí el nombre de la serie) y totalmente incomunicados (¡sin cobertura de WiFi!)

Sin electricidad, sin alimentos, sin agua (con la excepción de la que sacan a cubos del Guadalquivir), pasan los días saqueando las máquinas de comida de los edificios y comunicándose con las autoridades sevillanas mediante señales Morse. La serie narra los intentos infructuosos de las autoridades para llevar a cabo un rescate (un puente alternativo a base de macarrones enlazados con alambres de clips, un hombre bala que es lanzado desde el otro lado del río y que, una vez dentro, cae en la cuenta de que no tiene un cañón que le lleve de vuelta, ...) y
los esfuerzos de los prisioneros en organizarse para sobrevivir y no sucumbir al salvajismo, representado por un grupo de aficionados de Valencia que ante el hambre planean optar por el canibalismo.
 

"Me ha salido una cosa como  'El señor de las moscas', cuando los últimos residuos de civilización se desvanecen", afirma el guionista, "pero también me ha quedado una crítica molona a la sociedad de la comunicación, con omnipresentes cámaras de televisión que convierten a los Desperdigados en estrellas como las de Gran Hermano ante la sociedad exterior. Aunque si le soy sincero, yo lo que quería hacer era una cosa burra como 'Holocausto Caníbal' pero no me han dejado"

viernes, 4 de enero de 2013

"PESADILLA EN LA LIBRERIA"

La Sexta está preparando un nuevo reality-self-improvement-coaching-people-yelling-at-each-others-show con un formato similar al de "Pesadilla en la cocina", un programa de televisión en el que un chef madrileño se pasa por restaurantes en dificultades, les hace saber de la manera más ofensiva posible los errores que están cometiendo (aunque para errores las camisas que se marca, cosa en la que nadie parece reparar) y consigue que el negocio levante.

El nuevo espacio ya no se centra en el negocio de la "restauración" sino en el de otra cosa que es tan necesaria como el comer, al menos a nuestros ojos de frikis irredentos, que es el del ocio "low brow" (el ocio "high brow" sería irse a recitales de poesía o festivales de música y danza y el "low brow"  pues ya os podéis imaginar: figuritas de Warhammer, novelas con máquinas del tiempo y rayos laser, tebeos con gente en pijama y con capa ...)

Varias librerías especializadas en el tema a lo largo de toda la geografía española van a ser visitadas por Servando Carabel, propietario de la cadena de librerías Degeneración - X, aprovechando sus tournees con su grupo Aviados Drop. Servando se enfrentará a las típicas librerías de toda la vida, a los franquiciados ubicados en un centro comercial, a las copisterías evolucionadas a librería regidas por el hijo del dueño que no quiere estudiar y que atiende el negocio con desgana, a las dependientas que el dueño ha contratado porque hacen bonito pero que no tienen ni puñetera idea de tebeos y miran a la clientela como a un montón de frikis repugnantes ... 

De sus dos primeras etapas en el camino ya han llegado momentos en los que se le ve con un metro de carpintero comprobando que el material de adultos no está a menos de 1,50 m del suelo ("¿No os dais cuenta de que este expositor está bordeando la corrupción de menores?"), pasando un algodón para comprobar el grado de polvo de las estanterías ("¿Pero aquí es que no pasáis el plumero, cabrones?"), asegurándose de que el material está expuesto de la manera más atractiva para el público ("Pero, ¿como puedes mezclar las figuras del Señor de los Anillos con las de Warhammer? ¿Es que no sabes distinguir unas de otras? Si apartaras la vista del Whatsapp igual las podías distinguir, joder") y la librería como negocio está bien gestionada ("¿Pero tú no haces circular tu material? ¡Esto había que haberlo devuelto a la distribuidora antes de que tú nacieras!")

Las fechas navideñas han supuesto un alto en la grabación de los episodios, lo que servirá para que Servando pueda recuperarse de la lesión que le provocó el ejemplar de la novela Joel Addercrowning  "La hoz de las espaldas" (651 páginas) que le tiraron a la cabeza en su segunda visita. Si las audiencias acompañan, el concepto podría extenderse y generar nuevos contenidos televisivos relacionados (ya sea TV, ya sea web, ya sea en teatro de polichinelas) de los que el primero podría ser "Pesadilla en la Editorial"


sábado, 28 de enero de 2012

"VOY A TENER QUE VERLA PARA OPINAR"

(El título del post parece sacado del blog de JotaCe, pero no hay que ser malpensados)

El "verla" se refiere a una serie o película, aunque también hay veces que se oye "Voy a tener que leerla para opinar" si se trata de una novela (gráfica o de las de sólo palabras). Durante aquellos años despreocupados en que la gente accedía de manera no autorizada a contenidos se oía "Tendré que bajármela para opinar", pero el cierre de Megaupload ha acabado con esas prácticas. (La citada frase también se oye en la consulta del odontólogo, del urólogo, etc pero no es de lo que quería hablar yo)

En el fandom de vez en cuando se oye a alguien decir algo así: sabedor de la aparición de una nueva serie de televisión, un aficionado se siente en la obligación de vérsela entera, dedicando para ello seis o siete horas de su vida (más veinte euros si ha pasado por caja y la ha adquirido) pero, eso sí, sintiéndose legitimado luego para emitir una opinión al respecto. Este blog cree oportuno liberar a tanta pobre gente de tan pesada carga con dos argumentos:
  1. A menos que trabajéis para un medio de comunicación en el que se os pague por reseñar series, películas, obras de teatro ...NO TENÉIS LA OBLIGACIÓN DE DEDICAR TIEMPO O DINERO A UNA OBRA DE FICCIÓN: Se supone que la gente las ve como una diversión, no como una obligación cívica. (Si necesitáis obligaciones os recuerdo que tenéis las fiscales, las familiares, las jurídicas, las religiosas para los que profesen alguna religión, etc, etc)
  2. ¿De veras os pensáis que amigos, familiares y vuestro muro del Facebook NECESITAN vuestra opinión? (En serio, ni Dexter ni el de "Breaking Bad" van a venir a vuestra casa a reprocharos que no hayáis opinado sobre su última temporada)


sábado, 3 de abril de 2010

EXCMA SRA Dª ANGELES GONZÁLEZ SINDE, MINISTRA DE CULTURA, DON EDUARDO BAUTISTA (TEDDY), DIRECTOR DE LA SGAE, EL DIRECTOR DE SAVOR EDICIONES (SEA QUIEN SEA), MR. MARK THOMPSON, DIRECTOR GENERAL DE LA BBC ...




Pongo en conocimiento de todos ustedes que voy a hacerme con el contenido de la serie británica de televisión "State of play", producida por la BBC y editada en España por Savor Ediciones, recurriendo a Internet (supongo que lo haré mediante los .torrents famosos, pero si alguno de ustedes me indica una forma más directa se lo agradeceré)


El motivo de que yo recurra a una descarga no previamente autorizada por ninguno de ustedes (obsérvese que no uso la expresión "descarga ilegal" porque varias sentencias ya se han encargado de dejar claro que no existe tal concepto) es el hecho de que me haya comprado la serie en su edición de Savor Ediciones (ahora SAV DeAPlaneta Home Entertainment ) y no haya ni el sonido original, ni subtítulos ni en inglés ni en castellano ni en nada y el doblaje esté hecho en castellano "neutro" (Sí, ese lenguaje extraño en el que no hay "comisarías" sino "estasiones de polisía")


Vaya un trabajo fino, fino que han hecho estos de Planeta ... ¿No hay nadie en la BBC que revise las ediciones que se hacen de sus series en esos países en vías de desarrollo que hay por ahí? ¿Dónde están los protectores de la sacrosanta propiedad intelectual y a qué se dedican, en vez de a cerciorarse de que la edición final tenga algún parecido con lo que en su día crearon guionistas y actores? 


(Menos mal que me la compré en un 3X2 del Corte Inglés, que si no ... )

lunes, 9 de junio de 2008

FUNCIONES QUE LA TELEVISION ANALOGICA DEBERÍA COPIAR DE LOS DVDs Y DEMAS


Tras una larga experiencia viendo partidos de fútbol en la televisión en abierto, no puedo sino preocuparme por el cariz que toman las retransmisiones de un tiempo a esta parte: no es que eche de menos el estilo a lo mundo viejuno de Matías Prats pero a este paso los locutores van a tirarse la mitad de cada partido vendiéndonos champúes, animándonos a poner mensajitos, a llamar a un 902 o a ver el super estupendo programa que viene después.

¿Para cuándo tendremos en el mando a distancia opciones como las siguientes?:

  • Comentarios de Andrés Montes: ON OFF
  • Comentarios de Alfredo Relaño: ON OFF
  • Autobombo de películas de Charles Bronson / Van Damme / Steven Seagal que vienen después: ON OFF
  • Autobombo de Operación Triunfo / El Quiz / Cuéntame ON OFF
  • Autobombo de la cadena en general (por ejemplo: "La Sexta nos hace mejores" ... ¿mejores que quién? ¿que los que ven Cuatro o Antena 3?) ON OFF

lunes, 9 de julio de 2007

“LA TELE QUE MAMASTE”: OTRO EXTRACTO MÁS


Seguimos mamando de las ubres del exhaustivo estudio sobre las series televisivas dedicadas al horricientástico obra del prócer del fandom Ildefonso Melero y terminamos el capítulo dedicado a “Barrio Sésamo” (el que quiera leerse la primera parte la tiene justo abajo ... en caso de tener alguna duda relativa a este último concepto y sus diferencias con el de “arriba” le remitimos a la citada serie o al libro dedicado a Jim Henson “La diferencia entre arriba y abajo”):

En la Radio Televisión Española de la naciente democracia había ganas de abrir las ventanas y airear la casa y en los despachos de infantiles no estaban dispuestos a dejar que las emociones fuertes se vivieran sólo en la sección de informativos. Al igual que hoy en día bandadas de profesionales del marketing han anidado sobre los antaño inocentones programas de dibujos y marionetas, concentrados en venderles a los niños peluches, Cds, DVDs, libros coloreables, y un largo etcétera de rentable “merchandising”, por aquel entonces docenas de especialistas en pedagogía con las ideas muy claras sobre cómo debía formarse a la chiquillería ponían al día sus currícula y sus recomendaciones con la intención de pasar a formar parte de la plantilla del “Ente” y enterrar del todo al Capitán Tan, Valentina, los Hermanos Malasombra y el resto de los “Chiripitifláuticos”.
Sin embargo, en las altas esferas se había tomado la decisión de adquirir los derechos de la serie original americana y emitirla, lo cual cayó como un jarro de agua fría sobre las cabezas de las nuevas mentes pensantes: Gustavo, Epi, Blas, el profesor Siesta ... reflejaban una realidad distinta de la española: ¡la americana! (afortunadamente, el concepto de “arriba” y el de “abajo” no cambia demasiado de un lado a otro del Atlántico)
Al saber la noticia un buen número (3) de teóricos del fantástico, encabezados por el pope de la crítica del momento (de ese momento en particular, porque en los ochenta la afición le dejó de hacer caso y prefirió centrarse en dirigir una revista dedicada al coleccionismo de sellos que no duró más de tres números) Eufemio Azpitarte montó en cólera y firmó un manifiesto contra la serie venida de las Américas, afirmando que “Eso no es verdadera ciencia-ficción: Menos escenas que enseñen los números, que ya se los deberían saber de la escuela, y más que expliquen el teorema de Pitágoras: la infancia española no debería ser alimentada con historias tan simples y blandas” (Que esta gente encontrara las historias de “Barrio Sésamo” “blandas” no es de extrañar si tenemos en cuenta que los personajes están hechos de trapo: ¿qué querían, que estuvieran hechos de hormigón o de granito?)
Para acabar de complicar las cosas un grupo de trabajadores del Ente, sabedores de que en Austria se había hecho una versión punk del programa en la que los personajes no estaban hechos con trapo (“Eso es propio de hippies vegetarianos afeminados”, afirmaba el director del programa) sino con estropajo e incluso había un grupo de personajes hechos de estropajo metálico e imperdibles que les enseñaban los números a los niños tocando versiones en alemán de los Sex Pistols y los Ramones. Para los que no estén muy puestos en el tema, bien porque sean de la generación que creció leyendo “La saga de los Aznar” y no han salido de “Los Bravos” o “Los Angeles” o porque sean de la que se está criando con Naruto y no oyen más que “La Mala Rodríguez”, “El Chojín” o J-Pop, hay que aclarar que los Sex Pistols eran un grupo punk británico de la segunda mitad de los setenta liderado por Sid Vicious -véase la película “Sid y Nancy” Los Ramones eran un grupo neoyorkino también tirando a punk que, pese a lo que pueda indicar su nombre y a que también son de la quinta de los “Born in the fifties”, no guarda ninguna relación con Ramoncín, actualmente uno de los capitostes de la Sociedad Española de Autores y Ejecutables, asociación con ánimo de lucro que para hacer valer sus argumentos favorables a imponer cánones sobre todo tipo de artículos envía a sus miembros a sacarse fotos con el presidente del Gobierno y este último no sólo no les echa los perros sino que les recibe y les da de merendar.
TVE-1 acabó decidiendo crear un programa que mezclara lo mejor de ambos mundos. Por un lado, sketches de Epi, Blas y todos los demás, de los que por lo menos se sabía que ya habían funcionado en todo el mundo entero, y por otro escenas ambientadas en un barrio español en el que convivían apaciblemente en viviendas de protección oficial seres humanos y muñecos, lo cual satisfacía tanto las demandas del grupo de presión formado por las agrupaciones sindicales de actores como las de las costureras a sueldo del Ente y las de la asociación española de marionetistas.
Así, los primeros muñecos elegidos para poblar ese barrio fueron la gallina Caponata y el caracol Perezgil. Tristemente, se notó que entre los guionistas no había ningún conocedor serio de lo que es la ciencia-ficción y no se nos hizo una presentación correcta de los personajes, como se hace en cualquier novela seria del género, que dedica por lo menos treinta páginas a presentar de forma exhaustiva la situación, de forma que los lectores que han sobrevivido a esa exposición inicial entienden a la perfección el porqué de cada cosa. Por tanto, los niños del momento tenían que apechugar con la situación de un caracol de medio metro de alzada y una gallina del tamaño de un avestruz y preguntarse cómo habían llegado a parar ahí: ¿Eran miembros del cuerpo diplomático de una embajada de Muñecolandia? ¿O habían solicitado asilo político y se les había asignado una casa en ese barrio, cual si fuera un ghetto o un campo de refugiados? ¿Acaso podían ser el resultado de un experimento genético realizado por científicos nazis ocultos en Sudamérica, como en “Los niños del Brasil”?
En RTVE se fueron emitiendo los episodios a la hora en que los niños se comían la merienda lo que por aquel entonces era garantía de audiencia millonaria. Eran otros tiempos y lo que se emitía por el VHF no tenía que competir con privadas, autonómicas, Internet, la Playstation, etc, etc y si les daba por emitir música clásica a esa hora los niños se la tragaban igualmente.
Aunque a los directivos de la cadena americana no les hacía demasiada gracia que entre sus escenas de Epi y Blas, Pepe el Sonrisas y Sherlock Hemlock aparecieran la gallina y el gasterópodo: Todo zoólogo sabe que el caracol es un bicho baboso, hermafrodita (hermafrodita incompleto, para ser más precisos) y con cuernos (si hay alguien a quien le interesen las historias sexuales con morbo le aconsejamos que se empape de los procesos reproductivos de los caracoles), por no hablar de que el segundo apellido del gasterópodo, Gil, era el mismo que el del constructor entonces conocido por el hundimiento de “Los Ángeles de San Rafael” y al que después se le acabaría conociendo por “Las noches de Tal y Tal” y por presidir el Atleti y el consistorio de Marbella. (Francamente las implicaciones del caracol con la mafia del ladrillo eran manifiestas solo con verle llevara ya incorporada la casa en la chepa)

Los dos animales siguieron apareciendo un par de años en la pequeña pantalla hasta que alguien decidió ponerlos de patitas (nunca mejor dicho en el caso de la gallina, aunque no en el caso del caracol) en la calle. (No ha quedado cons
tancia de cómo reaccionaron los actores implicados, pero si tenemos en cuenta que quien interpretaba a Caponata es Emma Cohen, actual mujer de Fernando Fernán Gómez, nos podemos imaginar a dónde les diría que se podían ir):


El barrio iba a sufrir un cambio radical y el mascarón de proa iba a ser un erizo parlante de color rosa llamado Espinete.

Al igual que con Caponata, los guionistas optaron por no desvelar el misterio de su origen: ¿por qué de color rosa? ¿acaso se le habían implantado los genes de una medusa o una anémona? ¿por qué sus púas eran flácidas y ni pinchaban ni nada? ¿por qué los vecinos no se sorprendían de su presencia? Cuando un ama de casa ve entrar en su casa a un erizo rosa no le pone colacao: lo primero que hace es tirar por el fregadero el contenido de todas las bebidas alcohólicas por miedo a estar hundiéndose en el “delirium tremens” y lo segundo es decirle al marido "¿Antonio, les has dejado tú a los niños que se traigan el erizo ese de dos metros al salón de mi casa? Como se siente en el sofá con esas púas el arreglo del tapicero nos va a costar medio sueldo” (Un guionista de la escuela castiza hubiera concluido la situación con una respuesta del tipo “Mira, Matilde, si yo llevo veinte años aguantando a tu madre no sé por qué no vas a poder aguantar tú a este bicho”)

Pero Espinete no era la única violación de las leyes de la naturaleza que andaba por el barrio: Había un ser con nariz de patata y de color pardo llamado Don Pimpón de profesión desconocida (¿parado de larga duración? ¿prejubilado? ¿rentista? ¿sin hogar? ¿buzo de la Armada en periodo vacacional?) que acompañaba al erizo en sus correrías. Entre los dos consiguieron hacerse con el cariño de los niños, aunque no con el de mi padre, que cada vez que veía al erizo en pantalla pensaba “menudo gilipollas de animal”, pero mi padre no cuenta porque no era un niño.

Tan grande era su popularidad que se acabaron incorporando al acervo popular frases como “Eres más tonto que Espinete que va en bolas por la calle y luego duerme con camisón” (otra de las preguntas que se hacía la gente al verle por la tele) o “Te mueves menos que los ojos de Espinete”, frase similar a “Te mueves menos que la estatua de un funcionario”.

La nueva serie se emitió desde 1983 a 1987, lo cual indica que, más o menos, su fase de producción coincidió con la primera legislatura en la que el PSOE estuvo al mando del Gobierno de la Nación y eso explica algún que otro detalle significativo. Algún lector repondrá que la serie también coincidió en el tiempo con las dos últimas ligas que ganó el Athletic de Bilbao y no por ello hay que sacar, por ejemplo, la conclusión de que el quiosquero de la serie llevara boina para celebrar el triunfo de los leones de San Mamés. Sin embargo, es innegable que los dos mismos personajes principales acabaron reflejando las tensiones que convulsionaban el partido socialista aquellos años: don Pimpón representaba al hirsuto guerrista de la vieja escuela curtido en los tiempos de la clandestinidad ligado al sindicato UGT (no hay más que ver el gorro que llevaba, que lo conectaba con los trabajadores del campo y de la construcción, y que le hacía parecer un afectado por la reconversión de los altos hornos de Sagunto) que veía al puercoespín parlanchín como un erizo advenedizo y arribista relacionado con las altas esferas económicas y lo que se conoció como “beautiful people”.
Los conflictos ideológicos estaban a la orden del día durante del rodaje y los guiones se reelaboraban constantemente para no herir la sensibilidad de una y otra corriente. Raro era el día que no se oían epítetos como “Solchaguista vendepatrias”, “Siervo del capital”, "¿Para esto he corrido yo delante de los grises?"; ”Fósil del pasado”, “Traidor a tu clase” o “Progre decimonónico” y aún se recuerda cómo el actor que interpretaba a Don Pimpón se presentó ataviado como su personaje en el plató el día siguiente a haberse votado “Sí” mayoritariamente en el referéndum de la OTAN (actitud que, aun consciente de la necesidad de atenerse a la disciplina de partido, le costó no pocos conflictos ideológicos internos) en un estado de completa embriaguez vociferando cosas como “Si Pablo Iglesias levantara la cabeza”, “El que mejor se lo ha montado es Tierno Galván, que se ha muerto antes de tener que pasar por esto” y “Que sepáis todos que Bono va a ser el primer guerrista que traicione a Guerra”

Tristemente, la bronca llegó a nivel físico cuando alguien puso un anónimo en el buzón de “Don Pimpón” en el que le hacía saber que en un mitin de, como diría Sánchez Dragó, la Alianciña Populeira de Fraga, había habido un espectáculo infantil protagonizado por Espinete (normalmente en un mitin político ya hay de por sí momentos propios de un patio de colegio, por ejemplo, cuando se empieza a acusar al rival con argumentos del tipo “Y tú más, y tú más, ustedes no están legitimados para decir una cosa así”, pero en este caso el espectáculo infantil sí que estaba explícitamente dirigido a los niños) Su furia llegó a tal extremo que se abalanzó sobre “Espinete” y empezó a golpearle mientras gritaba “¡Ahora sí que te has vendido a la derecha! ¡Niégalo, mala mujer, niégalo!” Hicieron falta tres cámaras y una script-girl para reducir al exaltado, que nunca aceptó que el Espinete conservador pudiera ser un Espinete apócrifo. Por aquel entonces no había cánones impuestos sobre, por ejemplo, los disfraces de erizo rosa, para poder sacarle dinero en concepto de derechos de imagen a Alianza Popular (que, por otra parte, como aún no contaba con Norma Duval para animar sus mítines, tenía que apañarse con lo que fuera para entretener a las masas) así que su estrella principal no vería un duro, lo cual le molestó bastante: ¿Quién había querido manchar una trayectoria tan impecable como la suya calumniándole ante su compañero de reparto? ¿Cómo se habían atrevido en AP a aprovecharse de su trabajo actoral desarrollando al personaje? ¿De dónde habían sacado el disfraz para el show? ¿Acaso había un tráfico oculto de disfraces de Espinete sustraídos a escondidas de los estudios de Prado del Rey?

La razón de ser de esta preocupación era esa extraña moda que recorrió la España de los ochenta (tengamos en cuenta que illo tempore había unos gustos tan raros como la música disco italiana, hacer aerobic, las hombreras estrafalarias o el cómic de línea clara ) y de la que aún sentimos los efectos: Por aquel entonces era muy frecuente era ir a una fiesta enrollada, encontrarte por ejemplo a tu jefe y que, con dos o tres copas de más, te contara que, para darle aliciente a su vida sexual, su señora y él habían empezado a “experimentar” poniéndose un disfraz de Espinete. Tú, cuando te preguntaba que si habías empezado también a “probar cosas nuevas”, para salir del paso, lo primero que se te ocurría responderle era que a veces, con tu chica, os poníais, respectivamente o no, un traje de Mr Spock de Star Trek y otro de la princesa Leia de Star Wars, aunque fuera mentira. (Había gente a la que no le funcionaba el truco porque lo único que conseguía era que lo respondieran :”Oye, pues si quieres quedamos el fin de semana en mi chalet de la sierra y nos montamos una fiesta enrollada entre todos”)
Sin embargo, esta tolerancia social hacia el uso de disfraces de Espinete no se extendía hacia los que se inspiraban en otros personajes: A los sexólogos de siempre les ha sabido muy mal tener que cortarle el rollo a una persona diciéndole que es un vicioso y un pervertido pero cuando se presentaba en la consulta una señora acusando a su marido de proponerle buscar nuevas sensaciones usando para ello un disfraz de don Pimpón se apresuraban a someterle a una terapia de deshabituación con descargas eléctricas en según qué partes al tiempo que le mostraban fotos del simpático ser parecido a un híbrido entre humano y patata.
No es de extrañar que Chelo Vivares y su marido, que interpretaban, respectivamente, al erizo y a Chema, el panadero del barrio, fueran la pareja más envidiada de toda España en según qué círculos por tener acceso a los verdaderos trajes de Espinete y no las burdas imitaciones de franela que se vendían en el mercado negro. Más de una vez efectivos de la Policía Judicial hubieron de personarse en su domicilio con un mandato de registro para comprobar si estaban implicados en alguna red de tráfico de disfraces con fines sexuales inspirados en el animalito.

Dejando de lado que de los dos protagonistas principales uno fuera un puercoespín parlante y el otro no fuera humano, en absoluto humano, no se puede decir que hubiera demasiadas escenas de fantasía, ciencia-ficción o terror en las aventuras que se vivían en el barrio (el realismo garbancero que dominó España en los ochenta asfixió todo lo que oliera a marciano o a hombre – lobo a lo Paul Naschy) Sin embargo, entre las cancioncitas que entonaban los residentes del barrio hay un par de perlas que sí son dignas de mención: Una se titulaba “Son de mentira” y en ella se afirmaba que “los fantasmas y las brujas / son de mentira, sí, sí, sí”, ignoramos si con la intención de desacreditar de un plumazo todo el género de terror o si solamente se pretendía poner en solfa las historias de las que se nutre el terror clásico y abrirle así camino ante las nuevas generaciones a un terror más renovado del estilo de Ramsey Campbell o Clive Barker (si no fuera por los pinchos, uno en la vida se imaginaría a Espinete participando en alguna historia del estilo de Hellraiser, pero hay más de un estudioso que se ha oído treinta veces la canción y así lo afirma y nosotros no somos nadie para enmendarle la plana)
La otra canción que llegó a tocarle el corazoncito a los amantes del gore fue la titulada “Un erizo como yo” que, como habrán adivinado los lectores más atentos, estaba interpretada por el animalito y servía para describir su personalidad. Si bien el estribillo era un tanto anodino:

“Como soy tan alto,
corro, brinco y salto,
¡soy el erizo más listo de aquííí!”
(según esto, toda persona que mida más de 1,80 m debería andar por la calle a la carrera y dando volatines), la cosa ganaba enteros con estos versos tan sobrecogedores
“Tengo pinchos en la espalda
pero por delante no
para que cuando te abrace
no te pinche el corazón”

Por aquellos años Dan Simmons aún estaba dándole vueltas al personaje que en “Hiperión” era conocido como el Alcaudón, que clavaba a sus víctimas en “El árbol del dolor”. Quién sabe si por un momento su mente y las de los escritores del programa coincidieron, aunque seguramente Simmons se hubiese autocensurado de pasársele por la cabeza la idea del Alcaudón diciéndole a un niño que si no tenía pinchos en el pecho era para poder abrazarle sin por ello atravesarle con ellos el corazón.

La serie terminó de emitirse en el 84 (para descanso de mi padre, que ya dejó de encontrarse al encender la tele con el puercoespín) y, como suele suceder, páginas y páginas de guiones y proyectos acabaron metidas en carpetas para acabar posteriormente en archivos A-Z. Quitando a ese tipo de personas que llevan su nostalgia hasta extremos patéticos y defienden a muerte las virtudes de las series que veían durante su infancia o su adolescencia y que coleccionan cualquier tontería relacionada con ellas pocas personas habría interesadas en conocer el contenido de esos archivos. Sin embargo, varios estudiosos de la teoría y la praxis de la televisión infantil tuvieron acceso a esos archivos y descubrieron el ambicioso proyecto de llevar a la pantalla grande a los personajes de la serie con un argumento propio de la ciencia-ficción en el que se desvelaba el origen de los dos protagonistas principales (también se desvelaba el origen de Chema el panadero, pero verle darse de alta como autónomo y adquirir una furgoneta por “leasing” para comprarle las barras a las tahonas locales no tiene demasiado interés para el aficionado a la fantaciencia)

En este episodio perdido de Barrio Seśamo se planeaba mostrar el cortijo ubicado en la serranía de Cazorla donde el taimado doctor Sánchezstein tenía su laboratorio en el que se llevaban a cabo hibridaciones de seres humanos y animales siguiendo la técnica del esqueje y el injerto cual si se tratara del Doctor Moreau de H G Wells: un sanguinario vigilante producto de la combinación de células de “homo sapiens” con otras de lince ibérico que hace de malo de la película, un híbrido de mujer y urogallo, otro de hombre y cabracho, un cruce entre quisquilla y mujer que hace de señora de la limpieza y, los más abundantes y los más logrados, si no desde el punto de vista intelectual sí desde el punto de la estabilidad del metabolismo, los híbridos de erizo a los que el doctor Sánchezstein tiene vareando aceitunas en el olivar circundante.

En ese idílico escenario reminiscente de series como “El prisionero” o “La fuga de Logan” o, mejor aún, “Rebelión en la granja”, el lector más atento ya habrá imaginado que hay dos seres disconformes con sed de libertad, uno, un cruce de humano con pepino de mar que se llama Pimpón, y el otro uno de los erizoides llamado Espinete. (El doctor tiene mucho más talento a la hora de hibridar que a la hora de poner nombres)

Una vez terminado este “flash-back” volvemos a la cruda realidad del barrio (disturbios estudiantiles, elevados índices de paro, inflación desbocada, gominolas que dejan de elaborarse de forma casera y se fabrican en el extranjero con colorantes y edulcorantes artificiales ...) que hace que los dos exiliados decidan ajustar cuentas con su pasado e inicien un largo viaje en el que Don Pimpón desnuda sus deseos más profundos mientras recorren la meseta castellana. “Todos los seres quieren perpetuar su especie pero, ¿cuál es la mía? ¿Cuál es la tuya? Mírate: ni tienes genitales externos, que yo sepa. ¿Qué somos? ¿Qué hacemos en este mundo que se ríe de nosotros? ¿Somos mortales? ¿Envejeceremos? ¿Podemos reproducirnos? Dios mío, qué desolación”
La pareja es recibida por el “mad doctor” responsable de su origen y, muy gráficamente, le hace saber de sus anhelos vitales: en una escena que homenajea tanto a “Frankenstein” como a “Amarcord” de Fellini don Pimpón, enloquecido, se sube a lo alto de un olivo gritando "!Quiero una mujeeer!” El olivo es una pieza fundamental de la agricultura española y da de comer a mucha gente pero no está hecho para aguantar según qué pesos, así que don Pimpón se da de bruces en el suelo. Conmovido, Sánchezstein se ofrece a dotarles tanto de capacidad reproductiva como de “partenaires” con los que ejercerla. Después el guión se pierde durante un buen rato explicándole a la infancia todas esas cosas tan bonitas que salen en el material de educación sexual para primaria: que si el polen, que si las semillas, qué es lo que hace falta para plantarlas en terreno adecuado, que si la sexualidad responsable, etc, etc.
Afortunadamente los guionistas no desaprovechan a un personaje como el híbrido de lince y le vemos intrigar junto a un híbrido de caracol (había que aprovechar el muñeco de Perezgil), envidioso del carisma ante las masas de los recién llegados y temeroso de que don Pimpón ocupe su puesto a la diestra del profesor y le arrebate sus numerosas prebendas (acceso al reproductor de vídeo Beta y al microordenador Spectrum, pases de pernocta, zamparse un erizoide vivo y coleando cada mes ...) Justo antes de la intervención los dos malos dejan inconsciente al profesor y, aprovechando que Espinete y don Pimpón están anestesiados les dotan de sexualidad, sólo que según los perversos planes del caracol, que ha estado estudiando los procesos reproductivos del esturión con vistas a montar una piscifactoría: Cuando despiertan ven horrorizados cómo el erizo tiene una cloaca por la que evacúa huevos que sólo pueden ser fecundados por el fluido seminífero que sale de los genitales de su amigo según leen en las instrucciones de uso que les han dejado en el quirófano.
Creyéndole culpable de su condición, los dos amigos se presentan ante su creador y, en una escena obviamente escrita bajo la influencia de Blade Runner que por aquel entonces se había estrenado hacía poco, como si fueran el replicante Roy, primero le besan en la boca y después lo estampan contra las púas de Espinete que, a causa de las hormonas sexuales que corren por su sangre, están por fin erectas y puntiagudas, por lo que el profesor muere más perforado que un alfiletero.
Sin embargo, acaban sabiendo que el profesor no fue el responsable de su horrible condición (horrible si no se es un pez, porque los peces llevan millones de años reproduciéndose así y no parecen encontrar inconveniente en hacerlo así) y, sintiéndose culpables de la muerte de un inocente, deciden aliviar ese sentimiento de culpabilidad matando a dos culpables, el caracol y el lince: Don Pimpón demuestra que si se le llama “don” no es porque tenga un aire de respetable persona mayor (que, con ese sombrero, no lo tiene), sino porque se lo ganó batiéndose el cobre en los rings de lucha libre en Méjico y de un certero molinete acaba con las vidas de sus enemigos.

Una vez resuelto el tema en la granja los dos protagonistas han de afrontar su relación personal y la historia entra en el terreno del drama: don Pimpón desea dar rienda suelta a sus nuevos instintos pero Espinete, como en el fondo es un estrecho, tiene serias objeciones al respecto: “Conmigo no cuentes para 'eso', pero siempre podemos ser amigos” “Pues mira, la amistad te la puedes meter por el culo”

La película termina con un Espinete horrorizado (u horrorizada, ya que no queda del todo claro en qué género hay que encuadrarlo después de la intervención) huyendo del que fue su amigo por las nieves del polo, sabedor de que le está rastreando con su nuevo olfato capaz de percibir sus hormonas en el aire aun a kilómetros de distancia, presto a fecundar cualquier pegote de huevos que se vaya dejando por ahí.

Hemos sabido (más bien Luis G Pardo, editor de Videópolis, nos ha hecho saber mediante mailings masivos) que Rodrigo Menéndez, autor que ha lanzado al mercado pastiches que homenajean al personaje de Conan Doyle tan exitosos como “Sherlock Holmes contra Artapalo” y “Sherlock Holmes en Puerto Hurraco” planea aprovechar este guion perdido para una nueva novela que se titularía “Sherlock Holmes en el Barrio del Miedo” en la que el detective se establece en el vecindario e intenta esclarecer los sucesos misteriosos que acontecen en él, tales como posesiones diabólicas, invasiones alienígenas, robots gigantes que viajan en el tiempo y hombres polilla devoradores de trapo que amenazan con comerse a toda la población de muñecos.


lunes, 11 de junio de 2007

“LA TELE QUE MAMASTE”: UN EXTRACTO



El editor Gundisalvo Gonzálvez Halcón, propietario de la megacorporación Grupo Dreaditorial Aserejec, ha puesto recientemente a la venta el sobresaliente estudio sobre las series televisivas de ciencia – ficción titulado “La tele que mamaste” obra del fuera de serie del estudio de hasta las más serias series sirias Ildefonso Melero. (Para más detalle ver el post anterior al post anterior, es decir el antepenúltimo si consideramos éste que estás leyendo ahora el último, aunque si no lo consideras así, estamos hablando del penúltimo)

A cada una de las series se le dedica una ficha que incluye datos como temática general, productora, guionistas, actores y directores principales, número de episodios que duró y fecha de emisión en su país de origen que casi nunca es España (afrontémoslo, muy poquitas series del género que merezcan la pena han salido del erial patrio, quitando “La gabina” de Mercero, “Historias del otro alelado” de Garci, “Histerectomías para no dormir” del mamachicho Ibáñez Serrató y “Los mundos de Yupi” que, debido al entusiasmo que sentía por él el propio Jordi Pujol acabó traducida al catalán como “Els mons del Yuppie”) Además, Ildefonso complementa esa información básica con detalles curiosos como las marcas de las batidoras que aparecen en cada uno de los capítulos de las serie y si, por ejemplo, sale una mujer viéndosele la pechuga y en qué episodio y minuto es posible verla.
Gundisalvo, interesado en que la gente compre más su libro (aunque en realidad le es lo mismo si sólo lo compra una persona pero acaba pagando toda la tirada), ha tenido la amabilidad de cedernos un extracto del libro por si alguien lo lee, se pica (en el buen sentido de la palabra) y decide comprárselo entero (no, no acepta que la gente arranque las páginas que leerá aquí del libro y luego pida que se la descuenten del importe total) ¿Por qué hace esto? ¿Por qué querría un editor darnos un episodio para que nos lo leamos por la patilla? La explicación para esta medida aparentemente sin sentido, como en tantas cosas de un tiempo a esta parte, la tenemos en el marketing: “Recuerdo que veía a la puerta de mi instituto unos mayores con gafas de sol repartiéndoles sobrecitos a algunos chavales con algo que parecía sal marina o chocolate. Por supuesto, el dinero necesario para esa cantidad que les regalaban, se perdía pero, ¿qué era eso comparado con la posibilidad de establecer una relación comercial que te asegure una cartera de clientes leales capaces de vender a su padre para hacerse con lo que vendes? Y me dije, ¿por qué no hago yo lo mismo con los libros que publico, a ver si la gente se engancha y acaba apoquinando por el libro entero?”
Y así es como llega a este blog el exhaustivo repaso a ese programa que nos hizo soñar a todos de pequeños y gracias al cual aprendimos la diferencia entre arriba y abajo (la diferencia entre izquierda y derecha la aprendimos leyendo “El capital” y “El libro rojo de Mao” por un lado, y los artículos de Federico Jiménez Losantos, por otro):
BARRIO SÉSAMO: LA POÉTICA DEL TRAPO
Podía haber sido uno más de los programas surgidos de la productora Childrén Telly Netpork, pero la prodigiosa imaginación de su equipo creativo llevó a los hogares de todo el globo terráqueo una galería de seres monstruosos que pueblan un mundo en el que la evolución no se ha basado en el silicio como en alguna que otra novela de ciencia-ficción o en las cadenas proteínicas a partir de las cuales está compuesto este autor y supongo que un porcentaje significativo de mis lectores, sino que la forma de vida dominante, mucho más diversa que la que aquí conocemos, está basada en largas cadenas moleculares de celulosa organizadas en fibras más o menos de la forma que aquí conocemos como “trapo”.
Esta materia base, lógicamente, condicionaba el aspecto externo de los personajes que, por regla general eran bastante peludos y, al igual que los canarios y los perros cuando pasan por la muda, iban dejando pelusas verdes, azules, rojas .... por todas partes. También los había con poco pelo que parecían esos muñecos que hacen los niños enrollando dos guantes de tela o dos calcetines viejos (es de recordar una escena no emitida en España que tenía lugar en un asilo de monstruos jubilados y que mostraba de manera dolorosa los efectos de la decadencia del trapo: “sietes”, desgarrones, desteñidos, roces, manchas de nicotina en los dedos contra las que no podía hacer nada ningún detergente ...)
A estas alturas el lector atento se estará preguntando que de dónde salió la idea de basar en el trapo y no en la carne, las plumas, el cuero o incluso el ganchillo: ¿tenía el padre del productor una planta de reciclado de ropa vieja, acaso, y hacía negocio surtiéndoles? Para encontrar la respuesta tendremos que remontarnos a finales del siglo XIX: en Dinamarca surgió una sociedad que creía en la fraternidad entre los seres humanos por encima de razas y naciones y que estaba particularmente horrorizada ante el hecho de que seres humanos fueran discriminados por motivo del color de su piel. “Los estudiosos de Kronenbourg “ dedicaron páginas y páginas a estudiar la relación entre la identidad que de sí mismo tiene cada ser humano y el concepto de “cuerpo” con el fin de desligar el color de la piel y otros atributos raciales de la propia identidad para evitar el racismo. Si tenemos en cuenta que pocos años después Centroeuropa se llenó de gente aficionada a pasearse con el brazo en alto y a meter en campos de concentración a seres humanos de “razas inferiores” llegaremos a la obvia conclusión que, fuera de determinados círculos intelectuales, él éxito de esta sociedad fue bastante limitado. Con la guerra el grupo se desbandó y los principales ideólogos del grupo acabaron dedicando sus esfuerzos a la producción de la cerveza noruega Kronenbourg, con mucho mayor éxito del que obtuvieron influyendo en las masas, salvo dos miembros que emigraron a Norteamérica: Uno fue el progenitor del cineasta canadiense David Cronemberg, que con filmes como Scanners y Videodrome, además de hacerle pasar bastante asquito a los espectadores abundó en el tema que había estudiado su progenitor y fundó la estética conocida como “la nueva carne”. Por su parte, Friedrich Kronembourg, otro hijo de los inmigrantes, que acabó dedicándose a programas infantiles, elaboró por su parte la estética del “nuevo trapo” llenando la pantalla de cuerpos como los “cabezones”, dos (o uno, según se mire) monstruos siameses con un sólo tronco, pero con dos cabezas,los “trompetillas”, monstruos con una bocina por nariz, ranas parlantes, un ser volador sobrehumano (o supermonstruoso) llamado SuperKoko que surgió de las numerosas lecturas de Nietzsche que hacía Friedrich, una velada referencia a la adicción a las drogas como es el caso del voraz monstruo devorador de galletas Triqui, un vampiro adicto a enumerar cosas como el conde Drako y una civilización de seres diminutos conocidos como los nabucodonosorcitos (prueben a decir la palabra mientras se comen un mantecado, prueben) que habían colonizado un parterre en el que tenían la solución habitacional la familia protagonista.

De entre el elenco de personajes destacan dos personajes que supieron ganarse el aprecio de los niños pero que en España nunca consiguieron despejar los rumores relativos a su sexualidad: Ernie y Bert (en España Epi y Blas, en vez de Ernesto y Berto, que hubiese sido lo suyo) eran dos personajes que vivían en la misma casa, pero de los que nunca se decía si eran hermanos o padre e hijo (hubiese resultado extraño, siendo uno de color naranja y el otro de color amarillo) o si eran dos estudiantes que compartían piso, lo que preocupó a más de una madre, temerosa de que en realidad fuesen dos muñecos homosexuales que por las noches mant
uvieran contacto carnal (o trapal, o textil, o como se diga)
Todas estas dudas maliciosas nunca hubiesen tenido lugar si se hubiera emitido en nuestro país el episodio en que se relata el encuentro en la puerta del Seminario Mayor de la Facultad de Teología de Maguncia de estos dos novicios de la orden mendicante de los monjes de la Trapa (principalmente fueron los famosos bombones que se elaboraban en la confitería de la orden lo que atrajo hacia ella a estos personajes) o aquél en el que Blas comparte con Epi su crisis de fe tras unos ejercicios espirituales dirigidos por un carmelita descalzo o el gran momento de la ordenación sacerdotal de ambos. Quizás los responsables de programas infantiles no se atrevieron a mostrarle a una España que aún no se había hecho el cuerpo a la renovación eclesiástica inspirada por el Concilio Vaticano II a dos religiosos que no vestían la sotana o el alzacuellos de rigor y el público hispano nunca supo de esta faceta de Epi y Blas. Es una pena, porque así se perdieron sus escenas de vida estudiantil: los apuntes, las fotocopias, las exámenes, las recuperaciones en septiembre e incluso en febrero (resulta comprensible que unos personajes que necesitan repasar nociones tan simples como “arriba y abajo” tengan dificultades para asimilar conceptos como “Dios es uno y trino”, la “Summa Teologica” de Santo Tomás de Aquino, “De civitate Dei” de san Agustín, el nominalismo, el pelagianismo, el julianismo o la teología de la liberación, etc, etc.) La simpática pareja no sólo protagonizó escenas musicales o típicas de la comedia de costumbres, sino que el aficionado al fantástico también pudo disfrutar de un sentido homenaje a las películas de terror de los años treinta cuando Epi y Blas, ya ordenados sacerdotes y adiestrados por un tal padre Carras Kahl son enviados a exorcizar una aldea situada en los Cárpatos sometida al imperio de un temible vampiro de tez violácea conocido como el conde Drako. Los briosos movimientos de cámara, dignos de la mejor película británica de la Hammer, atrapan la atención del espectador que contempla cómo, armados de agua bendita, mazos y estacas, los protagonistas hollan la cripta del conde que les espera agazapado listo para lanzarse a la yugular del religioso de color naranja que se ha equivocado y en vez de cubrirse el cuello con un collar de ajos que repela al vampiro como ha hecho su compañero se lo ha cubierto con una ristra de pimientos choriceros.

Sin embargo, la conducta que los actores mostraban en la vida real distaba mucho de la que se les veía en la pantalla: juergas con strippers incluidas, bebida, sustancias ilegales y, particularmente en el caso del actor que encarnaba a Blas, amistades ideológicamente sospechosas. Como descubrió la web http://www.bertisevil.tv éste último frecuentó al dictador argentino Videla, a Saddam Hussein, participó en reuniones del Ku Klux Klan y, al parecer incluso antepasados suyos fueron vistos con Hitler y algún retrato robot del Londres victoriano presenta a un Jack el Destripador enormemente parecido al Blas que todos conocimos de pequeños.
Incluso se rumorea que durante la huelga de hambre del etarra De Juana Chaos se presentó para mantener un contacto bis a bis con él un extraño con el pelo tieso y la piel muy amarilla transportando un pirulí y una tripa de salchichón ocultos en su cuerpo.










Esta personalidad desajustada también acabó manifestándose en el trabajo en la serie: él y varios miembros del equipo tenían, como decía, “cuentas pendientes” y los reproches y las acusaciones de divismo llegaron a extremos desorbitados cuando la rana Kermit (Gustavo para nosotros) empezó a presentar el mundialmente conocido programa de variedades “Muppet Show” (en España “Los Teleñecos”) mientras que su proyecto de presentar un informativo quedaba congelado, lo cual llegó a atribuir a manejos del batracio: “Yo aquí sacando adelante el programa y la cochina rana papando moscas todo el tiempo con la cerda esa” (Ese último epíteto iba por Miss Peggy, también presentadora del show y protagonista del serial “Cerdada espacial”, la única estrella de la televisión mundial que en vez de camerino tiene una cochiquera, aunque cualquier espectador atento de las cadenas en abierto convendrá en que en la fauna televisiva hay un buen puñado de mujeres a las que, aun sin formar parte de la cabaña porcina española, el calificativo anterior les ajusta perfectamente) Se comenta que tal era el grado de frustración que se apoderó de él al ver truncada esa ambición tan típica de las estrellas infantiles de trascender su papel (véase el caso de Milikito) y convertirse en un gran comunicador al estilo de Walter Cronkite, Lou Grant o José María Carrascal que pagó a dos matones para que fueran a la charca de Kermit a partirle las ancas. (Ciertos confidentes de la policía cuentan que lo que le libró de la paliza a Gustavo fue el gran parecido que guardaba con él uno de esos príncipes encantados que pululan por los estanques y que acabó llevándose tal somanta de palos que no valía ni para tests de embarazo)

domingo, 27 de mayo de 2007

NUEVO ESTUDIO DE ILDEFONSO MELERO SOBRE LA TELEVISIÓN DE CIENCIA-FICCIÓN


Uno de los grandes ensayistas (y no solo gran ensayista, sino que también es uno de los mayores coleccionistas de dulzainas de Europa Occidental, sólo superado por el moldavo Vasily Tchorizhov) va a ver publicado en breve por parte del grupo editorial Aserejec un exhaustivo estudio sobre la televisión de ciencia – ficción a lo largo de las décadas.
La fiesta de presentación tuvo lugar en la sede gaditana del mayorista de electrotecnia APM y congregó a gran cantidad de medios. (Por contra, hubo pocos defensas que quisieran hacer presencia y ni un solo guardameta quiso apoyar el acto, ignoramos porqué)

El editor, Gundisalvo Gonzálvez Halcón, afirmó “Este libro es como los empastes: viene a llenar un hueco. No es que nadie no hubiera publicado ningún libro al respecto, pero todos eran una panda de pelafustanes que no le llegan a la suela del zapato a Ildefonso que no sólo tiene un criterio y un conocimiento del copón bendito de lo que es el tema, sino que además instruye deleitando y te lees sus páginas como los churros.
El estudio es tan exhaustivo que no sé cómo la gente se ha podido pasar siglos y siglos viendo la tele sin tener a mano un estudio de referencia como éste para orientarse por el proceloso mundo de las programaciones y saber en todo momento qué es lo que merece la pena verse y lo que no (o comprarse en un pack o dejar en el VHS o como se llamara a grabar).
Y en cuanto a la edición, ved qué libro más pocholo ha quedado y lo bien que quedará en las estanterías de las casas de los aficionados al género que saben lo que es bueno”

Por su parte, Ildefonso explicó las dificultades que encontró durante el proceso de escritura del libro:
“No se me ocurría sobre qué tema escribir y mi mujer me dijo que escribiera sobre la cosa que más me gustara en la vida. Lo primero que me vino a la cabeza fue responder lo que se le viene a la cabeza a todo varón español cuando le preguntan qué es lo que más le gusta, pero francamente es algo que no se puede decir delante de niños. Después me acordé de lo que me gustan esos días que me dan vacaciones y puedo quedarme en la cama cuando todo el mundo se tiene que levantar a las 7 de la mañana e ir al trabajo en un autobús con un conductor que pone en la radio a todo trapo a Federico Jiménez Losantos un día que se ha levantado con la úlcera avinagrada, pero me dije que con qué cara puedo llegar a un editor y decirle que me saque un libro de un tema como ése. Así que me seguí esforzando y pensé en mi colección de dulzainas, pero deseché la idea, ya tengo la certeza de que el mercado español no está lo bastante maduro como para acoger un libro sobre el tema. En mi lista vienen después las historias de marcianos, gente viajando en el tiempo y demás monstruos, estar tirado delante de la tele (bueno, hoy en día, estar tirado delante del ordenador mientras van bajándose las cosas de internet) y cocinar platos que tienen que estar haciéndose varias horas en el horno y luego lo dejan perdido.
Como más vale que sobre que no que falte escogí dos de los temas: la tele y la ciencia-ficción, porque para hablar de cocina ya están Arzak, Adriá y Arguiñano (la triple A) y he dedicado este libro que ahora sostiene mi editor entre las manos y que por un módico precio está ya disponible en los anaqueles de las librerías más guayes a la ciencia-ficción que ha aparecido en televisión. Podría haberme centrado en el tema inverso, que es la televisión según aparece en la ciencia-ficción: hay infinidad de relatos especulativos en los que se especula sobre el futuro del medio y novelas como “Joda (con perdón) a Jack Barron”, el reality-show extremo de “Perseguido”, la peli esa del Chuache, las malévolas entidades que salían del receptor en 'Polstergeist', los amiguetes televisivos de “Fahrenheit 451”(2,71 después de lo del euro) y multitud de historias distópicas en general en las que la tele sólo se centra en cotilleos sobre gentuza patética o en vendernos motos: Más o menos como hoy en día. Una vez vi un cuarto de hora de “Salsa rosa” y experimenté un horror que ni en las pelis de hombres-lobo de Paul Naschy. Me pareció un cuadro tan deprimente que opté por lo contrario: la ciencia-ficción que ha aparecido en la televisión, que ha alcanzado su máximo exponente en forma de series.
Sin embargo, tengo un amigo adicto a las teorías conspiratorias que considera que el alunizaje del 69 de Neil Armstrong es un montaje del ejército americano y que, por tanto, la retransmisión que en España hizo con su florido verbo mi paisano Jesús Hermida entra en el terreno de la CF televisiva.
De todas maneras, son series como Star Trek, Expediente – X y Héroes las que han iniciado a miles de jóvenes en el género y a cuyos pechos han mamado el sentido de la maravilla y la fascinación por el misterio, lo sobrenatural y lo fantástico hasta conformar sus gustos y preferencias, por lo que decidí titularlo 'La tele que mamaste'”
He dedicado un capítulo a cada una de las series capitales del género como, por ejemplo, Historias para no dormir, Dimensió Desconeguda (ya sé que en castellano se dice Dimensión desconocida, pero tengo una tía que se llama Cunegunda y como suena parecido he dejado de decir “desconocida”), StarGate, Babylon 5, Galactosa, Perdidos, Perdidos en el Espacio, Perdidos en el Tiempo, De perdidos al Río y Esa hija que tienes está hecha una perdida”

El libro, que empieza con el conocido estribillo de Joaquín Sabina:
“Teleespañolito, que ves la tele,
Te guarde Dios,
Uno de los dos canales
Ha de helarte el corazón”
ya ha llamado la atención de los aficionados de muchos países por lo que prontamente será traducido al moldavo, el letón, el rumano y el panocho.
La casa de apuestas en intenet www.ludopatillas.com ya ha comenzado a especular con la posibilidad de que “La tele que mamaste” obtenga el año que viene un premio Ignatius al mejor ensayo y quien se juegue una libra esterlina a su favor obtendrá otra más y un pack de estofado de carne de mici precocinado con alcachofas.


FELIZ DIA DE LOS INOCENTES

 Ya le habréis echado un vistazo a StardustCF , ¿no? Que las imágenes son la mar de bonicas ... ¡Feliz 2024!