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miércoles, 15 de agosto de 2007

BARCELONA: REVISIONES DE INSTALACIONES ELÉCTRICAS HECHAS CON POCAS LUCES



Con el paso de los días se van relajando las restricciones de seguridad y es posible hacerse una idea de las escenas vividas en las sedes de varias editoriales durante el apagón que dejó a oscuras el 23 de julio a tantos miles de barceloneses. Esa noche, en el mismo momento en que caía un cable de alta tensión de la empresa de distribución de electricidad FECSA-ENDESA (Fuerzas Eléctricas de Cataluña S. A.– Empresa Nacional de Electricidad S. A) sobre una subestación de la empresa de transporte de electricidad a alta tensión (de 220 KV a 400 KV, KV más, KV menos) Red Eléctrica de España (REE), Pasqual Tarragó se encontraba en la sede de la editorial Grupo B(em) preparando un artículo de presentación de una novela de ciencia-ficción para la colección Bova y supervisando la edición en formato bolsillo en la colección Bylis de la novela de Orson Scott Card “Ender el monaguillo”.

Como era de esperar, el documento en formato LATEX con el texto introductorio sobre el que llevaba trabajando tres horas se fue a freír espárragos porque en todo ese tiempo no lo había grabado al disco y además, por mucho que el ordenador que usaba estuviera enchufado a una toma de corriente marcada en rojo que indica que la conexión a una fase protegida de apagones, en realidad la toma falló como todas las demás y dejó de suministrar electricidad. (En edificios grandes en los que se hace una instalación eléctrica avanzada se suelen dejar tomas de corriente de color rojo conectadas a un sistema que evita tensiones por encima de la media que puedan estropear los aparatos y que en caso de apagón proporciona electricidad un tiempo suficiente para poder apagarlos de manera ordenada: esa es la teoría, aunque en realidad, como este sistema puede llegar a costar desde los 3.000 euros hasta los 12.000, 15.000 o incluso más, se dejan los enchufes rojos nada más sin conectarlos a ningún sistema especial porque hay recortar gastos de donde sea para ponerle un coche nuevo al director general, en el caso de la empresa privada, o al delegado provincial, en el caso de la administración)

Tarragó temió que se estuviera produciendo lo que, en terminología de la normativa de seguridad de la información ISO 27001, se conoce como “intrusión física”, por ejemplo, como cuando Tom Cruise en “Misión Imposible” se infiltra en la sede de la CIA colgando de unos cables o como cuando llega tu madre, entra en tu cuarto y ve una revista guarrilla disimulada entre los apuntes que te estás “estudiando” . En cualquier caso, una situación de este tipo despierta en el propietario de información valiosa las mismos emociones que cuando los suegros se presentan en casa un domingo por la mañana sin avisar. Y qué información más valiosa puede haber que el manuscrito de su obra magna cuya publicación está programada para el año siguiente: “La ciencia-ficción: guía de uso y abuso”, redactada siguiendo la estela del famoso Antonio Escohotado y su libro sobre las drogas.

Sabedor de lo sucedido con el último libro de Harry Potter, del que se han realizado traducciones apócrifas y ediciones clandestinas, se dirigió raudo y veloz hacia el armario ignífugo en que se almacena el manuscrito con un extintor bajo el brazo, el primer objeto utilizable como arma con el que se hizo (las normativas dicen que cada 15 metros tiene que haber uno, así que raro es que, aun a oscuras, no se encontrara uno)

Por suerte, las preocupaciones de Tarragó eran infundidas y no había nadie sospechoso en las inmediaciones, aunque los guardas de seguridad se pasaron toda la noche haciendo comprobaciones y recorriendo la planta con linternas en busca de posibles ladrones o saboteadores para asegurarle que no había nadie que fuera a apoderarse del manuscrito del que probablemente sea el ensayo dedicado a la ciencia-ficción, la fantasía y el terror (bueno, Tarragó en realidad nunca ha tenido la intención de dedicarlo a nada que no sea lo primero) más esperado de toda la Europa Occidental.


No hay comentarios:

¿De qué va esto?

No sabéis dónde os metéis .... Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia del todo, pero casi. Friquis, aznarquis, hards, gafapastas, conanianos, trekkies ... todos ellos pasados por la turmix (o la thermomix) de la parodia.