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jueves, 10 de octubre de 2013

"EN ALGO HEMOS TENIDO QUE FALLAR"

A cualquier padre le gusta que los hijos se parezcan a él. Más aún, es bastante conveniente si no quiere que se oigan comentarios malévolos en el barrio. Esto no es cierto únicamente en lo que al aspecto físico se refiere: si, por ejemplo, el progenitor es simpatizante del Atlético de Madrid le sentará regular que el chaval se haga socio del Real Madrid y, por muchas ligas que celebre en Cibeles, éste se puede despedir de una herencia cuyo dinero dedicar a comprarse bufandas blancas y camisetas de Cristina Ronaldo.

Porque, como los de Dexter y su padre adoptivo en la serie del mismo nombre, ¿qué padre no quiere compartir momentos con su hijo? Todos hemos visto la película Billy Elliot (bueno, yo en realidad no, pero es una licencia literaria o bloguística) en la que un recio minero norirlandés envía a su retoño a un gimnasio para que practique boxeo pero éste acaba fascinado por el ballet clásico. Por suerte, en vez de acabar dos metros bajo tierra del disgusto, el progenitor acaba aceptando de buen grado que el chiquillo se ponga mallas y baile al son de "El Lago de los Cisnes" (curiosamente, la banda sonora esta llena de clásicos del pop y el rock como "Town called malice", "Shout to the top" o "London Callling", que tienen un ritmo bastante más acelerado que "La bella durmiente" o "El pájaro de fuego")

Situaciones así son una fuente típica de conflictos en el seno de una familia, como es el caso de la de Wenceslao Brezales, de profesión revisor en Redondela, que se lo pasa estupendamente bien esculpiendo con palillos de dientes maquetas de estaciones de tren famosas (Roma Termini de Roma, Milano Centrale de Milán, Atocha de Madrid, Waterloo en Londres, donde se filmó la escena de "El ultimátum de Bourne", la estación moscovita de Kiev en la que ha puesto un carrito de bebé desbocado yéndose escaleras abajo, en un tramposo homenaje a la conocida escena de "Acorazado Potemkin" de las escaleras de Odessa, que no tienen que ver con ninguna estación de trenes y que, por otra parte, no tiene base histórica, etc,etc) Sin embargo, esta pasión no ha pasado a la siguiente generación de Brezales y el primogénito, Manolito, no muestra el menor interés por los tragaluces, la ornamentacion "art noveau" y los revisores picando billetes hechos con mondadientes y además ha empezado a fumar y las colillas mal apagadas han estado a punto de arrasar presas de las llamas Paris Austerlitz, Toulouse Matabiau y Amberes Central.

A muchos padres les cuesta entender que sus hijos a medida que van entrando en la adolescencia vayan dejando de compartir sus aficiones (si es que tienen, porque algún chaval tiene las mismas inquietudes y aficiones que un mejillón de roca y se pasa todo el rato tirado en el sofá) Así, llega la preocupación porque "así no estamos haciendo familia" y "Oh, Dios mío, creo que no estoy pasando bastantes ratos de calidad con estos guachos", Por no hablar de la frustración del padre que sueña con tener en casa un astro del balón que resuelva los problemas económicos de toda la familia hasta la quinta generación y de paso saque de apuros un par de temporadas al languideciente equipo local, que ve que a su primogénito lo que le va son las mallas y el ballet contemporáneo (o, peor aún, acude a "sessions" dirigidas por Kiko Rivera).

Afortunadamente, por grande que sea la desesperación, rara vez a ningún padre o madre se le ocurre acompañar a sus vástagos a una discoteca y estarse un cuarto de hora en la pista y provocarles un trauma más resistente que la grasa más incrustada. Sin embargo, raro será que no se le escape un comentario del tipo "En mis tiempos sí que sabíamos divertirnos ..."  (la parte de perseguir a pedradas algún perro callejero suele obviarse) " ... no como ahora, que estáis todo el día con el tiquitiqui de la maquinita"

Aunque a los padres se les han de achacar memorables meteduras de pata, la arrogancia adolescente también genera heridas incurables. Es el caso del hijo que acude a una parroquia cercana y que piensa irse a Zaire a montar potabilizadoras de agua y que habla con desprecio de las partiditas de rol que monta su padre, despreocupado del hambre y el sufrimiento que hay en el mundo. Este último descubre amargamente que, igual que a él le parecía de pequeño patética la afición de su padre por los toros, sus aficiones le merecen el mismo juicio a su chaval. El drama está servido.
("Algún día caerás en la cuenta de que la vida no es sólo cultura")

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¿De qué va esto?

No sabéis dónde os metéis .... Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia del todo, pero casi. Friquis, aznarquis, hards, gafapastas, conanianos, trekkies ... todos ellos pasados por la turmix (o la thermomix) de la parodia.