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viernes, 12 de septiembre de 2014

CLINICA PARA LECTORES PROFESIONALES EN MARBELLA

Hay profesiones muy esforzadas por su derroche físico: no es ése el caso de traductores, correctores de estilo y lectores profesionales en general, que a lo más, les puede caer en un dedo del pie una pila de diccionarios. (Otra cosa es cuando les toca hacer mudanza, que más de uno se ha dejado los lomos de tanto acarrear cajas con libros, cierto es. Por no hablar de los que acaban con una alergia al polvo notable, de tanto recorrer bibliotecas antiguas o almacenes con restos de ediciones u otros cementerios de elefantes)

Hoy en día no hay oficio que se precie que no tenga una enfermedad profesional de cabecera sino más: panaderos, alpinistas, atletas ... pueden presumir de enfermedades que se ceban sobre ellos y que les tienen de baja de cuando en cuando. Pero ... ¿y los correctores de estilo? ¿Y los maquetadores? ¿Y los traductores (aviso: este post no estará completo hasta que no caiga un gracia en torno a la tradicional relación entre esta profesión y esa cosa tan fea que es la traición: traduttore, tradittore )? Oigamos lo que dice Marcelino Tipia, que dejó de ser traductor a causa del síndrome del túnel metacarpiano que le aquejó tras encargarse de varias novelas de Tabb Williams, Branch Sanderson y de Abercummings, y que desde entonces se gana la vida como jefe de ventas, puesto que nunca ha exigido leerse el material que se lanza al mercado: "Dieciséis años que me tiré en Ediciones Coalición sin una mala baja, hasta que me tocó traducir esos tochos. Pero qué envidia de los traductores de poesía/ que salen a seis palabras por día".

Sin embargo, de una manera lenta pero implacable, males no solo físicos acechan a este tipo de profesionales. Y muy en particular a los relacionados con el fantástico que, ante según qué situaciones que aparecen en los textos que les ocupan, deben superar tiradas de salud mental que han dejado a más de uno gritando "Tekelilí" por cerros y vaguadas.

Por suerte, la clínica marbellí "El Fonendo de Plata", aprovechando que tenía una sala libre en el ala de desintoxicación, pensó que vista la cara que tenían algunos correctores profesionales que veraneaban en la Costra del Sol lo suyo era hacerles un chequeo baratito y una puesta a punto rápida. Así, como muchas otras, la prestigiosa asociación PEN y el grupo de escritores de terror "Calabazas en el Trastero" ya están aprovechando sus ofertas, de forma y manera que vuelven a los Madriles (o a la Ciudad Condal) relajados y dispuestos a afrontar con entereza la lectura de manuscritos, la maquetación y la corrección.

A este propósito de calma y relajación sirven las duchas frías, las terapias de alejamiento (días y hasta semanas lejos de libros de género, foros en Internet, ...) y los ratos en la piscina (en la de bolas o en la de agua), que pueden ser bastante disfrutables si no hay gente que se tira a bomba o que da la tabarra a los demás lamentándose de que no le han dejado traerse su patito de goma de Darth Vader ...

Si el deterioro del paciente es tan notorio que obliga a tomar medidas más drásticas, el repertorio de tratamientos incluye dinámicas de grupo que ayudan a los pacientes a abrir su corazón y a desahogar la desazón que les producen los caprichos de los escritores que se niegan a cambiar ni una coma de sus obras o que montan una ZPtiesta cuando aparece una "viuda" o una "huérfana" en las galeradas. No es el caso de los traductores que, al no tener que lidiar con los autores más que de higos a brevas entre cerveza y cerveza en la Feria de Frankfurt, se permiten traicionar (¿ven como saldría, ven como saldría?) sin el menor escrúpulo el espíritu original del texto y se reúnen para alardear de las patadas (o "mejoras") con que castigan esos textos originales. Es el caso de Carlos Sánchez Civantos, que superó un "spleen" que se resistía a las sesiones de psicoanálisis (eran otros tiempos, cuando Freud molaba) cambiándole el final a un relato de Van Vogt que tenía que traducir y que, según él, no había por dónde cogerlo: "Fue hacer eso y terminarse mis todas mis sinusitis y mis alergias. Desde entonces ni una mala tos, oye".

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¿De qué va esto?

No sabéis dónde os metéis .... Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia del todo, pero casi. Friquis, aznarquis, hards, gafapastas, conanianos, trekkies ... todos ellos pasados por la turmix (o la thermomix) de la parodia.