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domingo, 1 de septiembre de 2013

IDIOMAS RECURSIVOS, PELICULAS RECURSIVAS, NOVELAS RECURSIVAS, RECURSIONES RECURSIVAS

Para explicar un concepto empleado en Matemáticas y en Informática llamado "recursividad" que trató de manera exhaustiva el profesor estadounidense Douglas Hofstadter en su muy premiado libro "Gödel, Escher, Bach: un Eterno y Grácil Bucle", se suele poner como ejemplo la definición del factorial de un número, que se calcula sabiendo que la factorial de uno es uno y que el factorial de un número consiste en multiplicar el valor de ese número por el valor del factorial del número inferior.

Como estas cosas quedan mejor cuando se explican en notación matemática, ahí va:

5! (la exclamación tras el número 5 quiere decir "factorial de 5", no que haya que gritar ¡CINCO!, con el riesgo que eso conlleva) = 5 * 4! = 5 * 4 * 3! = 5 * 4 * 3 *2! = 5 * 4 * 3 *2 * 1! = 5 * 4 * 3 *2 * 1

Este concepto también puede aplicarse a la lingüística. Por ejemplo, en la lengua alemana (lengua que un servidor se propone empollar pero ya, dado que de aquí a no mucho cogerá vacaciones pasando por la patria de Frau Merkel), en lo que es el orden de las oraciones los verbos se dejan para el final. Así, cuando uno de esos oradores que piensa que eso de usar frases cortas empobrece el lenguaje ha enganchado varias oraciones subordinadas colgando la una de la otra y quiere cerrar de una manera más o menos airosa el párrafo se encuentra con una cadena de cinco o seis verbos finales cuyo orden sí que importa si se quiere es mantener el sentido de lo que se quería decir.

Si nos vamos a un terreno bastante más relajado como es el de las artes decorativas y los "souvenirs" podemos encontrar otra aplicación como es la muñeca (o más bien grupo o progenie de muñecas) original de Rusia y llamada "matryoshka": Una muñeca más o menos grande y hueca encierra dentro de sí una más pequeña y ésta a su vez otra, y ésta a otra, ... así hasta llegar a una más chiquitica que sí está llena porque el artesano se cansó y no pudo llegar al nivel microscópico.




En el género que nos gusta algo hay de esto en la enorme complejidad de los planes de algunos villanos o en las "fintas dentro de fintas dentro de fintas" de Dune, que obligan a usar una libreta para seguir lo que está diciendo cada personaje, a quién se lo está diciendo y lo que en realidad pretende al decirle lo que le está diciendo, además de lo que pasa por la cabeza del otro personaje al que se le está diciendo. ¿Complicado? No tanto como la película "Inception" de Christopher Nolan, protagonizada por Leonardo DiCaprio (que ya ha hecho bastantes películas buenas como para que sigamos diciéndole cara de niñato por lo de Titanic), en la que varios personajes comparten un sueño, sueño del que no sólo no despierta, sino que alguien vuelve a quedarse traspuesto, lo que hace que todos aparezcan en un sueño esta vez distinto pero en el que la modorra acecha de nuevo, lo que lleva al grupo a otro sueño distinto de los anteriores, mientras el personaje que interpreta Di Caprio intenta cumplir su misión de espionaje empresarial y, de paso, resolver su situación con su señora esposa, que puede estar muerta. O no, como diría Mariano Rajoy.



¿Puede llegar demasiado lejos la recursividad? ¿Qué efecto puede tener sobre la mente humana un elevado nivel de ella? Muy sano no es, como demuestra el caso del conocido escritor Medardo Cabrerizo, autor de "Una noche de apatía" y "Mudanza de neblinas", que, tras una estancia de dos semanas en el hospital clínico ha sido enviado a una casa de reposo en el campo a causa del estado de stress neurológico en que quedó tras entregarse obsesivamente a su nuevo proyecto de novela. El texto de la misma, aun sin título (aunque, según algunas anotaciones que Medardo no ha podido explicar, la novela no sería sino el título de un libro aún más voluminoso y complejo), se presenta como la transcripción de la declaración que hace un testigo parcialmente amnésico de las memorias de un misterioso personaje al parecer proveniente del futuro en las que se hace referencia al sueño de un tercer personaje en el que alguien le cuenta a otro una fantasía sexual que tiene en la que una extraña mujer desnuda y tatuada con códigos QR que refieren a partes de la red conocidas por pocos le cuenta a otra un chiste de leperos cargado de crípticas simbologías propias de culturas alienígenas que habrán de ser desentrañadas por un saltador de trampolín que entra en trance en medio de un salto con triple tirabuzón.

Si tras la sinopsis anterior alguien está interesado en la obra tendrá que esperar a que el equipo médico habitual le levante la prohibición a Medardo de siquiera acercarse a un folio de papel en blanco.

No hay comentarios:

¿De qué va esto?

No sabéis dónde os metéis .... Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia del todo, pero casi. Friquis, aznarquis, hards, gafapastas, conanianos, trekkies ... todos ellos pasados por la turmix (o la thermomix) de la parodia.