domingo, 9 de septiembre de 2007

ATRAPADOS EN EL ASCENSOR


Qué mejor banda sonora para oir este post que el clásico “Atrapados en el ascensor”. Si además el vídeo de YouTube nos permite ver en directo a José Luis Moro y a su compinche de gamberradas musicales Mario Gil, miel sobre hojuelas.

La cara de Mario Gil, el que tiene menos pelo de los dos, debería sonarle a muchos de su paso por “El Informal”, pero seguro que pocos le reconocen de su paso por “La Mode” a los teclados y los “sintes”
junto a Antonio Zancajo, guitarrista, y Fernando Márquez, vocalista y letrista. (No se me ocurren dos compañeros de proyecto más dispares que José Luis Moro y Fernando Márquez) Si este país llegara al nivel de otros más desarrollados, los tres estarían viviendo de las rentas y sacando algún disco de cuando en cuando y las emisoras lo emitirían en vez de darle bola a “La oreja de van Vogt” y los espantos de Miguel Bosé o Ana Torroja. En fin ... “son los tiempos modernos que nos toca vivir” (Un musical basado en las cancioncitas de Mecano ... hay que joderse)




Nos han llegado noticias sobre la penosa condición en que se encuentra el aficionado zamorano Marcelino Becerra, fundador del “Círculo Conanianoniano de Sant Felíu de Llobregat” y editor del fanzine “Mandobles de Sangre”, tras los percances que sufrió la primera noche de apagón en la Ciudad Condal.

El aficionado había estado hasta tarde en uno de los aularios de la universidad en la que estudia Filología Semítica (una carrera muy útil si se pretende profundizar en las historias semitas, asirias y macabeas en las que están arraigadas las historias del cimmerio) y coincidió en el ascensor con una compañera que acababa de asistir a una tutoría, Ascensión Garcinuño, capitana del grupo de animadoras del equipo de ajedrez de la facultad. Quién no se ha deleitado alguna vez viendo vídeos en youtube.com de estas pícaras chicas ejecutando complejas coreografías sobre los tableros de taracea marcados con cuadritos blancos y negros: Esos pompones de marfil y ébano, esas escuetas minifaldas también de cuadritos, esos suéters con jaques pastores y aperturas de Capoblanca en los que resaltan las siluetas de los peones de reina, esos cánticos: “Dame una J, dame una A, dame una Q, dame una U, dame una E ... ¡JAAAAQUE!” ... Qué diferencia con las animadoras de los equipos de brisca y tute, que suelen llevar trajes de sotas de bastos o de copas, que francamente realzan poco su figura.

Marcelino, que ya había cogido la manija de la puerta del ascensor, vio cómo venía ella desde el fondo del pasillo. Educado, en vez de entrar directamente para bajarse solo, reprimió su impaciencia contemplando las formas de la animadora (no nos queda constancia fehaciente de que realmente la mirara así, pero ella va presumiendo por ahí de que sí) y de ese medio minuto de espera vinieron todos sus males, pues entre la primera y la segunda planta sobrevino el apagón que hizo que se produjera una frenada brusca y los dos pasajeros sufrieran una fuerte sacudida que los estampó contra el suelo.

No hubo ninguna de luz de emergencia que se encendiera, así que sentirse encerrada a oscuras llevó al pánico a Ascensión, que empezó a chillar y a golpear los botones de una forma descontrolada. Si una situación así preocuparía al más pintado nos podemos imaginar cómo estaría Marcelino que nunca ha sido de los más pintados. El visionado de películas en las que una mujer pierde los nervios de esa manera le llevó a cogerla por los hombros y a sacudirle tal bofetada en la mejilla que tembló el misterio. La chica le respondió con un golpe de karate en el cuello con el canto de la mano que le tiene desde entonces mirando al frente sin posibilidad de girarse a los lados.
Ya un poco más dueños de la situación, empezaron a pedir ayuda a voces y a pulsar el botón de alarma sin que se oyera nada ni nadie diera señales de vida: ni el conserje, ni el vigilante ... se sentían como tragados por una ballena y esperando ser digeridos en su vientre.
Por supuesto, la situación no era la misma: no estaban rodeados de pescado, no rezumaban jugos gástricos de las paredes, no se estaban formando gases intestinales a partir de los procesos digestivos y tampoco se encontraron a Pinocho o a Gepetto, pero seguro que en las tripas de Moby Dick había tan poca cobertura como la que tenían sus móviles aquella noche, con todas las estaciones base de operadoras de las cercanías sin electricidad que las hiciese funcionar.
Al contrario de lo que hubiese hecho la mayoría de los héroes de sus novelas favoritas (invocar a Crom y, con la ayuda de una espada, forzar una abertura en la puerta del ascensor ante la mirada llena de agradecimiento de la damisela, agradecimiento que llegada la noche le demostraría con los senos al aire y las piernas abiertas en torno a las suyas) Marcelino se hundió en la desesperación gimiendo en un rincón “Qué vamos a hacer, qué vamos a hacer, no aguanto más, aquí no viene nadie”
Ella, que tenía más sentido práctico que él, en primer lugar por mujer y en segundo por no participar del sentido friqui de la vida de Marcelino (reconozcámoslo, administrar foros en los que la gente por un lado se queja de que no se hacen películas basadas en sus personajes favoritos y por otro enumerar los defectos de las que sí están basadas, no resulta de gran ayuda para afrontar el día a día) se sentó en un rincón y decidió aprovechar el tiempo pasando revista al estado de aprovisionamiento del piso para hacerse una idea de qué haría falta reponer la próxima vez que se pasara por el supermercado: detergente, limpiamaderas, suavizante, fregasuelos, lejía, champú, jabón, tiritas y agua oxigenada.
Siguió tomando nota de la ropa que tenía pendiente planchar sobre la tabla, de que tenía que devolver un libro de la biblioteca y repasó mentalmente cuánto había pasado desde la última vez que se hizo la cera, y cuánto desde la última vez que le habían hecho en el salón de belleza la depilación brasileña de la ingle. Y, ya que pasaba por su mente esa zona en particular, como un latido le recordó que quizá había pasado demasiado tiempo también desde la última vez que alguien había estado realizando trabajos por allí.



La idea de que fuera Marcelino tampoco le pareció muy desagradable: teniendo donde escoger nunca le hubiese teniendo en cuenta para pasar una noche pero ya que la cosa iba para largo, antes pasar el rato lo mejor posible que quejándose del frío.Además, no tenía pinta de irlo contando por ahí luego. Se lo volvió a pensar cuando le vio acurrucado en una especie de posición fetal que había adoptado pensando que iba a desperdiciar menos oxígeno, así que, viendo que no se había sobrepuesto a la situación, decidió ser ella quien que llevara la batuta.


  • ¿Cómo estás?, le preguntó, acercándose hacia él – Venga, seguro que enseguida vienen a por nosotros antes o después.
  • Espero que si vienen, sea antes de que se acabe el aire en el ascensor. No quiero ni pensar qué pasaría si alguno tuviera gases.

Ante la falta de respuesta por parte de Ascensión, Marcelino cayó en la cuenta de que quizás ese comentario sobre la posibilidad de que él (¡o ella!) tuviera gases burbujeando en su interior y pudiera ser incapaz de contenerlos no había sido bien acogido. Las mujeres del siglo XXI ya no eran las delicadas damiselas del resto de los siglos que tantos quebraderos de cabeza le habían dado de los héroes de las novelas que leía, pero eso tampoco quería decir que no encontraran desagradable cualquier referencia a alguna flatulencia propia o ajena. Había sido un descuido imperdonable por su parte, así que debería superarse a sí mismo si quería tener una oportunidad de quedar bien: demostrar interés, hablar gentilmente, ser un caballero ... cual si fuera John Carter, guerrero de Marte.
Y, poco a poco, supo aproximarse a Ascensión y hacerle sentirse cómoda en su presencia las manos sobre sus hombros y se sintió satisfecho de cómo había sabido reconducir la situación. Ella, por su parte, se sintió satisfecha de cómo le tenía comiendo de su mano y dijo “Ay, abrázame, que no sé cuándo nos van a sacar de aquí”. Por la cabeza de Marcelino lo único que pasó fue “Aprovecha, que así se las ponían a Fernando VII” (las bolas, pero de billar, era lo que le ponían de aquella manera a Fernando VII, del que todos sabemos que usaba paletó)

Llegó un momento en que sus cuerpos no podían aproximarse más sin que las costillas de uno se entrelazaran con las del otro. Se besaron y empezaron a hacerse esas carantoñas tan agradables que no hace falta que describamos en detalle, baste decir que Marcelino disfrutaba enormemente, como hacía cinco meses que no disfrutaba. Ascensión también disfrutaba, nos dicen que como hacía tres semanas que no disfrutaba. Hubieran seguido disfrutando toda la noche (o hasta que se acabara el oxígeno, lo cual resulta bastante probable, ya que determinadas actividades obligan a sus practicantes a consumir más que el ganchillo, por ejemplo, y por eso se jadea) pero les sorprendieron las lejanas voces del vigilante de seguridad que preguntaba si había alguien.

Marcelino, que tenía la cabeza entre pecho y pecho, quiso decir esta boca es mía, pero como la tenía ocupada, ella pudo evitar que dijera nada: hay gente a la que le molesta que le interrumpan cuando está en la cama (qué más da que en ese momento en particular estuviera en el ascensor) quizá porque en su subconsciente temen que tal situación no se vuelva a poder repetir, así que hasta que el acto no llegó a su conclusión con total satisfacción por parte de ambos permanecieron en un discreto y tenso silencio.
 

- Llama a ese tío que si no nos quedamos aquí toda la noche,
Marcelino gritó lo más fuerte que pudo hasta que atrajo la atención del vigilante, que corrió a avisar al encargado de mantenimiento que mediante el panel de control accionó las puertas de apertura. La cabina del ascensor se había quedado metro y medio por encima del suelo, así que vigilante y encargado se prepararon para recoger a Ascensión Desde arriba él la tenía cogida por los tobillos y la iba soltando poco a poco

Cuando le tocó a él tuvo que recordar que él también iba a bajar, aunque los otros dos parecían más interesados en atender a su compañera de infortunio que no en ayudarle a él y ésa fue la causa del desastre: mientras asomaba la cabeza pensando en cómo bajar oyó el ronroneo de los motores del ascensor que otro de los encargados de mantenimiento acababa de conectar a los generadores de gasóleo ubicados en los sótanos de la facultad para casos de emergencia.
De repente la cabina subió aceleradamente con medio cuerpo suyo aún asomando, con lo que costillas y omóplatos fueron a dar contra el marco del ascensor. Todavía no le había dado tiempo a retirarse hacia dentro, con lo que las dos puertas se cerraron sobre su cabeza.

Hubo que llevarle deprisa y corriendo a Urgencias, donde se le intervino de urgencia. De tanta escayola que gastaron con él tuvieron que fijarle un brazo con barro de alfarero (sí, como el que salía en la película “Ghost”, con Demi Moore en el torno) y allí sigue convaleciente. Por suerte, Ascensión monta guardia junto a su cama en el hospital y cuida de que no le falte nada, incluso le lee en voz alta poesías de Lovecraft y de R E Howard.

domingo, 2 de septiembre de 2007

RECOMENDACIONES ENCARNIZADAS TRAS LA VUELTA DE LAS VACACIONES



¿Apenados porque ya se acabó la playa y hay que volver a pegarse madrugones, chuparse largos trayectos en metro, tren de cercanías o autobús y hay que aguantar al capullo del jefe (o del subordinado o del cliente)? Para pasar los sinsabores que produce en el alma inquieta el final del periodo vacacional no viene mal ponerse a pensar en las próximas salidas ... ¿y qué mejor que anotar ya en la agenda la visita a Sevilla con motivo de la Hispacón el fin de semana después del puente de todos los Santos? Más información en el link que viene aquí al lado: http://www.tresculturas.org/ficha_actividades.cfm?id=704
Sin embargo, si eres uno de esos pocos (pringaos) que se han (nos hemos) tirado todo el verano pasando calores mientras el resto de la gente andaba en la playa viendo alemanas en topĺess (bueno, alguno habrá habido que haya visitado museos, monumentos y cosas de esas importantes) y aún te quedan días por cogerte te puedes pasar por Dinamarca a ver friquis de toda Europa en la convención europea de friquiciencia conocida como Eurocón (¿a que son originales poniéndole nombre a las cosas?) Si un friqui ya genera de por sí una sensación extraña (esa perilla, esas gafas con montura negra cual ala de cuervo de Edgar Allan Poe, esa camiseta negra de “La Legión del Espacio”), el impacto se multiplica cuando se le oye hablar en un idioma con muchas consonantes, pronuncia de manera extraña tu nombre y lleva una camiseta también negra pero con conceptos desconocidos para ti (aunque en realidad lo que lleve sobre la barriga sea un anuncio de la librería de segunda mano de su primo Hans en Bergen): ¿y qué es lo que busca el aficionado a la ciencia-ficción sino enfrentarse con lo extraño y lo desconocido?
Si no hay posibilidad de irse por ahí siempre puedes aprovechar, aunque haya terminado la temporada fuerte veraniega, las ofertas que aún hacen algunos establecimientos como el retratado (juro que la foto no está retocada ni he manipulado para nada el letrero), cuyas dependientas están deseosas de satisfacer los deseos más recónditos del cliente, al menos en un 25%

jueves, 30 de agosto de 2007

BERRIDO

Han causado estupor entre los aficionados a la literatura de ciencia-ficción ubicados en la capital de Austria, Viena (ciudad conocida por su concierto de Año Nuevo y por el archifamoso “pan de Viena” que, aunque está menos rico que el “pan de Cádiz”, es más asequible económicamente y tiene menos calorías) las palabras proferidas por el escritor de novelas de a duro (o de a florín) de ciencia-ficción Maximilliam Ginsberg que, en el transcurso de una cena de rendido homenaje por parte de los coleccionistas de su conocida serie de novelas “La saga de los Mayerling” se dirigió a los asistentes al parecer un poquito achispado y les espetó a voz en grito y con los ojos fuera de sus órbitas el siguiente

BERRIDO



He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por el fandom, anhelantes histéricas desnudas
arrastrándose por librerías de segunda mano de barrios chungos en busca de un resto de edición deteriorado
frikis angelicales ardiendo por la antigua conexión celestial con la dinamo estelar en la maquinaria de la noche
que pobres malvestidos ojerosos y puestos se sentaron fumando en la oscuridad sobrenatural de pisos sin agua caliente flotando sobre las cimas de las ciudades en la contemplación de música electrónica
que desnudaron sus cerebros al Cielo bajo el El y vieron ángeles mahometanos a trompicones sobre azoteas iluminadas
que pasaron por politécnicas con radiantes ojos imperturbables alucinando con la UPC y tragedias propias de Blake (los 7) entre los eruditos de la guerra (de las galaxias)
que fueron expulsados de los círculos académicos por chiflados publicar fanzines en los ventanales craneanos
que se acurrucaron en paños menores en habitaciones desconchadas puliéndose su dinero en merchandising y sintiendo el Terror a través de los muros
que fueron arrestados por traerse de contrabando un lote de películas de Paul Naschy de "Forbidden Planet"
que comieron fuego en cenas de Hispacones o bebieron trementina en la Asturcón, muerte o sometieron sus torsos al purgatorio de noches de Estelcon,
con sueños, con colocones, con pesadillas que te despiertan, alcohol y pollas (en vinagre) y juergas sin fin
incomparables callejones de nubes estremecedoras y relámpagos mentales saltando hacia los polos de Gijón y Getafe, iluminando el mundo inmóvil del Tiempo intermedio
solideces de peyote de salón, amaneceres de cementerio de árboles verdes de jardín, embriaguez de vino sobre los tejados, barrios comerciales de teterias semáforos parpadeantes, vibraciones de sol, luna y árbol en los rugientes atardeceres invernales de Gigamesh, peroratas en torno a un cenicero y la suave luz que reina en la mente
que se encadenaron al metro para el interminable trayecto desde “Miraguano” hasta “Elektra Comics” con litronas hasta que la escandalera de mangakas y lectores de Harry Potter les hizo caer temblando con la boca dislocada y yermos de cerebro completamente drenados de brillo bajo la lúgubre luz de El Corte Inglés.

Como es natural, nadie se enteró de qué quería decir ni tenían claro de si debían enfadarse por ello o no. ¡Criaturas!


(La poesía "Berrido", evidentemente parodia de "Howl" de Allen Ginsberg, fue nominada al premio Ignotus a la mejor poesía en la Hispacón de Almería, no por su calidad literaria sino más bien por la escasez de competidores y la brasa que su autor no tuvo el menor apuro en dar en listas de correo y este propio blog. Como miembro de la junta directiva de la asociación y habiendo hecho los escrutinios anteriores tenía todas las papeletas para que, además de pegar los monolitos para su entrega en la cena de gala me tocase otra vez hacerlo en la Hispacón de Almería. Sin embargo, dado que los otros miembros de la junta directiva también estaban nominados se decidió confiar en mi acrisolada integridad y me tocó igualmente ponerme a cargar papeletas. Y además ver cómo se iban sumando las papeletas que no iban a para a mi poesía sino a las que competían con ella)

miércoles, 15 de agosto de 2007

BARCELONA: REVISIONES DE INSTALACIONES ELÉCTRICAS HECHAS CON POCAS LUCES



Con el paso de los días se van relajando las restricciones de seguridad y es posible hacerse una idea de las escenas vividas en las sedes de varias editoriales durante el apagón que dejó a oscuras el 23 de julio a tantos miles de barceloneses. Esa noche, en el mismo momento en que caía un cable de alta tensión de la empresa de distribución de electricidad FECSA-ENDESA (Fuerzas Eléctricas de Cataluña S. A.– Empresa Nacional de Electricidad S. A) sobre una subestación de la empresa de transporte de electricidad a alta tensión (de 220 KV a 400 KV, KV más, KV menos) Red Eléctrica de España (REE), Pasqual Tarragó se encontraba en la sede de la editorial Grupo B(em) preparando un artículo de presentación de una novela de ciencia-ficción para la colección Bova y supervisando la edición en formato bolsillo en la colección Bylis de la novela de Orson Scott Card “Ender el monaguillo”.

Como era de esperar, el documento en formato LATEX con el texto introductorio sobre el que llevaba trabajando tres horas se fue a freír espárragos porque en todo ese tiempo no lo había grabado al disco y además, por mucho que el ordenador que usaba estuviera enchufado a una toma de corriente marcada en rojo que indica que la conexión a una fase protegida de apagones, en realidad la toma falló como todas las demás y dejó de suministrar electricidad. (En edificios grandes en los que se hace una instalación eléctrica avanzada se suelen dejar tomas de corriente de color rojo conectadas a un sistema que evita tensiones por encima de la media que puedan estropear los aparatos y que en caso de apagón proporciona electricidad un tiempo suficiente para poder apagarlos de manera ordenada: esa es la teoría, aunque en realidad, como este sistema puede llegar a costar desde los 3.000 euros hasta los 12.000, 15.000 o incluso más, se dejan los enchufes rojos nada más sin conectarlos a ningún sistema especial porque hay recortar gastos de donde sea para ponerle un coche nuevo al director general, en el caso de la empresa privada, o al delegado provincial, en el caso de la administración)

Tarragó temió que se estuviera produciendo lo que, en terminología de la normativa de seguridad de la información ISO 27001, se conoce como “intrusión física”, por ejemplo, como cuando Tom Cruise en “Misión Imposible” se infiltra en la sede de la CIA colgando de unos cables o como cuando llega tu madre, entra en tu cuarto y ve una revista guarrilla disimulada entre los apuntes que te estás “estudiando” . En cualquier caso, una situación de este tipo despierta en el propietario de información valiosa las mismos emociones que cuando los suegros se presentan en casa un domingo por la mañana sin avisar. Y qué información más valiosa puede haber que el manuscrito de su obra magna cuya publicación está programada para el año siguiente: “La ciencia-ficción: guía de uso y abuso”, redactada siguiendo la estela del famoso Antonio Escohotado y su libro sobre las drogas.

Sabedor de lo sucedido con el último libro de Harry Potter, del que se han realizado traducciones apócrifas y ediciones clandestinas, se dirigió raudo y veloz hacia el armario ignífugo en que se almacena el manuscrito con un extintor bajo el brazo, el primer objeto utilizable como arma con el que se hizo (las normativas dicen que cada 15 metros tiene que haber uno, así que raro es que, aun a oscuras, no se encontrara uno)

Por suerte, las preocupaciones de Tarragó eran infundidas y no había nadie sospechoso en las inmediaciones, aunque los guardas de seguridad se pasaron toda la noche haciendo comprobaciones y recorriendo la planta con linternas en busca de posibles ladrones o saboteadores para asegurarle que no había nadie que fuera a apoderarse del manuscrito del que probablemente sea el ensayo dedicado a la ciencia-ficción, la fantasía y el terror (bueno, Tarragó en realidad nunca ha tenido la intención de dedicarlo a nada que no sea lo primero) más esperado de toda la Europa Occidental.


miércoles, 8 de agosto de 2007

BARCELONA A LA LUZ DE LAS ANTORCHAS

BARCELONA A LA LUZ DE LAS ANTORCHAS

Se ha sabido que durante el apagón que ha dejado a oscuras recientemente la Ciudad Condal un grupo de aficionados a la ciencia – ficción con poco dinero y con menos escrúpulos aún quiso aprovechar la oscuridad general para completar sus colecciones saqueando “Megamesh”, la librería propiedad del conocido editor Alejandro Corvacho.

La banda de frikis malhechores, equipados con cascos de minero de esos que llevan una linterna en el frontal, pensaba lanzar un ejemplar de “La Rueda del Tiempo”, novela de fantasía publicada en tapa dura y con dos kilos de peso, contra la luna haciéndola añicos y así penetrar en la tienda, confiados en que no saltaría la alarma al no haber electricidad (por si algún lector de este blog siente la tentación de hacer parecido debería tener en cuenta que estas alarmas suelen contar con lo que se conoce como “Sistema de Alimentación Ininterrumpida” que mediante una batería acumula energía de forma que pueden funcionar un tiempo aun con la corriente cortada)

Para su sorpresa, se encontraron justo en la entrada del establecimiento al propio editor sentado en una mecedora haciendo guardia. Bebiendo de un termo de café que se había preparado para pasar la noche y alumbrándose con una antorcha y una fogata alimentada con relatos que la gente envía por si son publicados en la revista, Corvacho esgrimía una de las armas que guarda en la trastienda del establecimiento, una escopeta de perdigones. (Las otras dos son un trabuco heredado de un antepasado que vivió en las inmediaciones de Sierra Morena, un fusil “Mauser” y una espingarda de las guerras napoleónicas que no ha dudado en usar más de una vez para “desbloquear negociaciones” con un autor que pide demasiado por publicar su libro, un empleado que se sube a la parra a la hora de pedir un aumento de salario o un distribuidor que le reparte a la librería menos libros de los pedidos o se los trae un par de días después de habérselos traído a un “Corte Inglés” cercano)

Tras gritar “¿Quién vive?” y efectuar dos disparos de advertencia que impactaron uno contra una farola y otro contra el campanario de una iglesia vecina, los saqueadores pusieron pies en polvorosa mientras se les oía decir “Pues a ver de dónde saco yo el dinero para los 18 tomos de los Aznar que me faltan” y “Calla, que a ti no te faltan 74 tomos de la Dragonlance como a mí”

(A la derecha, un retrato del editor afeitado y con mitra)


martes, 7 de agosto de 2007

LÍRICA Y GESTIÓN MUNICIPAL

La gente de la calle (que no suele ser la misma que la gente de la avenida, más acomodada, o que la gente de la plaza o la del callejón) se piensa que el político es un ser calculador y sin sensibilidad que no está interesado más que en la lucha partidista. Sin embargo cuando entrevistan a alguno y le hacen unas cuantas preguntas de buen rollito para mostrar su perfil humano (como si la ambición, la soberbia y la mentira del día a día no fueran características humanas) nunca falta la pregunta sobre el libro que se están leyendo, así que el político intenta quedar como una persona con inquietudes culturales (aunque en realidad no tenga ninguna). Como “El código Da Vinci”, “Los silencios de 'El larguero'” o “La saga de los Aznar” no impresionan positivamente al electorado siempre responden que:
1. La actividad política es muy absorbente y no deja tiempo para casi nada (bueno, para irse al palco del Bernabéu de cuando en cuando sí que da), pero ...
2. tienen en la mesa camilla una novela histórica (“El puente de Alcántara”, “Los pilares de la Tierra”, ...) o una biografía de un personaje también histórico (por ejemplo, Adenauer, Churchill o la "Beltraneja")

Que el libro mentado permanezca a lo largo de las legislaturas sobre la mesa camilla sin ser siquiera hojeado entra dentro de lo posible. Más aún, puede que la respuesta venga dada por un asesor de imagen del partido en algún memorándum (“los candidatos varones habrán de responder que se están leyendo “En busca del Unicornio” de Eslava Galán y las candidatas podrán responder si lo prefieren que se están leyendo “El alquimista”, de Claudio Coello”,por ejemplo) y que ese título nunca haya estado en la mesa camilla.

Con lo bonito que sería leerles afirmar “Pues estoy leyendo 'Todas putas' de Hernán Migoya” o “Me he llevado a la playa el 'Manual del Administrador de Gnu-Linux Debian 4.0” o “Qué arte se da escribiendo el Montero Glez ése”

Por eso uno se alegra cuando de vez en cuando le lee a un gobernante frases tan bonitas como la siguiente, que denotan una cultivada sensibilidad lírica: “El otoño será la primavera en que florezca la gestión municipal”. A este humilde bloguero o blogger o blogueador (como se diga) no le duelen prendas (de vez en cuando los zapatos le aprietan, pero lo que es las prendas no le duelen) en reconocer que se le abrieron las carnes al leer la frase. Pero qué frase más bonita, mecachis.

Un gallifante para el que adivine el municipio andaluz que tiene por alcaldesa a esta señora (o señorita: francamente, desconozco su estado marital)

Y, hablando de alcaldes, ¿soy yo o el alcalde de Sevilla, la ciudad que albergará la próxima convención del género, Alfredo Sánchez Monteseirín, se parece a Guillermo del Toro? Mucho cuidado con despistarse y pedirle un autografo (Alcaldes hay muchos, pero gente que haya dirigido “Hellboy” o “El laberinto del fauno” sólo hay uno, así que lo siento por Monteseirín, pero Guillermo del Toro mola más)


viernes, 27 de julio de 2007

DIAS DE VINO Y FANDOM NO ES QUE RECOMIENDE, SINO QUE IMPLORA ENCABRECIDAMENTE ...


... a los socios de la AEFCFT que voten en la primera fase de los premios Ignotus, que acaba el martes 31 de julio. Como no es obligatorio votar en todas las categorías, (OJO: AUTOPROMOCIÓN) pues podían votar en la categoría de "Mejor página web" este humilde blog que tan buenos ratos les ha hecho pasar (FIN DEL AUTOBOMBO) y seguro que hay más categorías en las que pueden aportar candidatos, que luego estamos todo el rato quejándonos de que no nos gustan los nominados.

(Gracias a Ricardo Manzanaro por la ilustración)

Esta es la papeleta:
http://www. aefcft.com/primerafase2007. rtf

Por otra parte, recomendamos, esta vez a todos la gran obra "Enciclopedia Universal Clismón: Bienvenido al mundo", una recomendación en forma de enciclopedia del humor gráfico y los escritos de Miguel Brieva.

Para moverse en el proceloso mundo laboral entre jefes y/o subordinados puede ser útil echarle un ojo a esta serie de artículos (si se domina inglés, eso sí):

http://www.bnet.com/2406-13068_23-93275.html

lunes, 9 de julio de 2007

“LA TELE QUE MAMASTE”: OTRO EXTRACTO MÁS


Seguimos mamando de las ubres del exhaustivo estudio sobre las series televisivas dedicadas al horricientástico obra del prócer del fandom Ildefonso Melero y terminamos el capítulo dedicado a “Barrio Sésamo” (el que quiera leerse la primera parte la tiene justo abajo ... en caso de tener alguna duda relativa a este último concepto y sus diferencias con el de “arriba” le remitimos a la citada serie o al libro dedicado a Jim Henson “La diferencia entre arriba y abajo”):

En la Radio Televisión Española de la naciente democracia había ganas de abrir las ventanas y airear la casa y en los despachos de infantiles no estaban dispuestos a dejar que las emociones fuertes se vivieran sólo en la sección de informativos. Al igual que hoy en día bandadas de profesionales del marketing han anidado sobre los antaño inocentones programas de dibujos y marionetas, concentrados en venderles a los niños peluches, Cds, DVDs, libros coloreables, y un largo etcétera de rentable “merchandising”, por aquel entonces docenas de especialistas en pedagogía con las ideas muy claras sobre cómo debía formarse a la chiquillería ponían al día sus currícula y sus recomendaciones con la intención de pasar a formar parte de la plantilla del “Ente” y enterrar del todo al Capitán Tan, Valentina, los Hermanos Malasombra y el resto de los “Chiripitifláuticos”.
Sin embargo, en las altas esferas se había tomado la decisión de adquirir los derechos de la serie original americana y emitirla, lo cual cayó como un jarro de agua fría sobre las cabezas de las nuevas mentes pensantes: Gustavo, Epi, Blas, el profesor Siesta ... reflejaban una realidad distinta de la española: ¡la americana! (afortunadamente, el concepto de “arriba” y el de “abajo” no cambia demasiado de un lado a otro del Atlántico)
Al saber la noticia un buen número (3) de teóricos del fantástico, encabezados por el pope de la crítica del momento (de ese momento en particular, porque en los ochenta la afición le dejó de hacer caso y prefirió centrarse en dirigir una revista dedicada al coleccionismo de sellos que no duró más de tres números) Eufemio Azpitarte montó en cólera y firmó un manifiesto contra la serie venida de las Américas, afirmando que “Eso no es verdadera ciencia-ficción: Menos escenas que enseñen los números, que ya se los deberían saber de la escuela, y más que expliquen el teorema de Pitágoras: la infancia española no debería ser alimentada con historias tan simples y blandas” (Que esta gente encontrara las historias de “Barrio Sésamo” “blandas” no es de extrañar si tenemos en cuenta que los personajes están hechos de trapo: ¿qué querían, que estuvieran hechos de hormigón o de granito?)
Para acabar de complicar las cosas un grupo de trabajadores del Ente, sabedores de que en Austria se había hecho una versión punk del programa en la que los personajes no estaban hechos con trapo (“Eso es propio de hippies vegetarianos afeminados”, afirmaba el director del programa) sino con estropajo e incluso había un grupo de personajes hechos de estropajo metálico e imperdibles que les enseñaban los números a los niños tocando versiones en alemán de los Sex Pistols y los Ramones. Para los que no estén muy puestos en el tema, bien porque sean de la generación que creció leyendo “La saga de los Aznar” y no han salido de “Los Bravos” o “Los Angeles” o porque sean de la que se está criando con Naruto y no oyen más que “La Mala Rodríguez”, “El Chojín” o J-Pop, hay que aclarar que los Sex Pistols eran un grupo punk británico de la segunda mitad de los setenta liderado por Sid Vicious -véase la película “Sid y Nancy” Los Ramones eran un grupo neoyorkino también tirando a punk que, pese a lo que pueda indicar su nombre y a que también son de la quinta de los “Born in the fifties”, no guarda ninguna relación con Ramoncín, actualmente uno de los capitostes de la Sociedad Española de Autores y Ejecutables, asociación con ánimo de lucro que para hacer valer sus argumentos favorables a imponer cánones sobre todo tipo de artículos envía a sus miembros a sacarse fotos con el presidente del Gobierno y este último no sólo no les echa los perros sino que les recibe y les da de merendar.
TVE-1 acabó decidiendo crear un programa que mezclara lo mejor de ambos mundos. Por un lado, sketches de Epi, Blas y todos los demás, de los que por lo menos se sabía que ya habían funcionado en todo el mundo entero, y por otro escenas ambientadas en un barrio español en el que convivían apaciblemente en viviendas de protección oficial seres humanos y muñecos, lo cual satisfacía tanto las demandas del grupo de presión formado por las agrupaciones sindicales de actores como las de las costureras a sueldo del Ente y las de la asociación española de marionetistas.
Así, los primeros muñecos elegidos para poblar ese barrio fueron la gallina Caponata y el caracol Perezgil. Tristemente, se notó que entre los guionistas no había ningún conocedor serio de lo que es la ciencia-ficción y no se nos hizo una presentación correcta de los personajes, como se hace en cualquier novela seria del género, que dedica por lo menos treinta páginas a presentar de forma exhaustiva la situación, de forma que los lectores que han sobrevivido a esa exposición inicial entienden a la perfección el porqué de cada cosa. Por tanto, los niños del momento tenían que apechugar con la situación de un caracol de medio metro de alzada y una gallina del tamaño de un avestruz y preguntarse cómo habían llegado a parar ahí: ¿Eran miembros del cuerpo diplomático de una embajada de Muñecolandia? ¿O habían solicitado asilo político y se les había asignado una casa en ese barrio, cual si fuera un ghetto o un campo de refugiados? ¿Acaso podían ser el resultado de un experimento genético realizado por científicos nazis ocultos en Sudamérica, como en “Los niños del Brasil”?
En RTVE se fueron emitiendo los episodios a la hora en que los niños se comían la merienda lo que por aquel entonces era garantía de audiencia millonaria. Eran otros tiempos y lo que se emitía por el VHF no tenía que competir con privadas, autonómicas, Internet, la Playstation, etc, etc y si les daba por emitir música clásica a esa hora los niños se la tragaban igualmente.
Aunque a los directivos de la cadena americana no les hacía demasiada gracia que entre sus escenas de Epi y Blas, Pepe el Sonrisas y Sherlock Hemlock aparecieran la gallina y el gasterópodo: Todo zoólogo sabe que el caracol es un bicho baboso, hermafrodita (hermafrodita incompleto, para ser más precisos) y con cuernos (si hay alguien a quien le interesen las historias sexuales con morbo le aconsejamos que se empape de los procesos reproductivos de los caracoles), por no hablar de que el segundo apellido del gasterópodo, Gil, era el mismo que el del constructor entonces conocido por el hundimiento de “Los Ángeles de San Rafael” y al que después se le acabaría conociendo por “Las noches de Tal y Tal” y por presidir el Atleti y el consistorio de Marbella. (Francamente las implicaciones del caracol con la mafia del ladrillo eran manifiestas solo con verle llevara ya incorporada la casa en la chepa)

Los dos animales siguieron apareciendo un par de años en la pequeña pantalla hasta que alguien decidió ponerlos de patitas (nunca mejor dicho en el caso de la gallina, aunque no en el caso del caracol) en la calle. (No ha quedado cons
tancia de cómo reaccionaron los actores implicados, pero si tenemos en cuenta que quien interpretaba a Caponata es Emma Cohen, actual mujer de Fernando Fernán Gómez, nos podemos imaginar a dónde les diría que se podían ir):


El barrio iba a sufrir un cambio radical y el mascarón de proa iba a ser un erizo parlante de color rosa llamado Espinete.

Al igual que con Caponata, los guionistas optaron por no desvelar el misterio de su origen: ¿por qué de color rosa? ¿acaso se le habían implantado los genes de una medusa o una anémona? ¿por qué sus púas eran flácidas y ni pinchaban ni nada? ¿por qué los vecinos no se sorprendían de su presencia? Cuando un ama de casa ve entrar en su casa a un erizo rosa no le pone colacao: lo primero que hace es tirar por el fregadero el contenido de todas las bebidas alcohólicas por miedo a estar hundiéndose en el “delirium tremens” y lo segundo es decirle al marido "¿Antonio, les has dejado tú a los niños que se traigan el erizo ese de dos metros al salón de mi casa? Como se siente en el sofá con esas púas el arreglo del tapicero nos va a costar medio sueldo” (Un guionista de la escuela castiza hubiera concluido la situación con una respuesta del tipo “Mira, Matilde, si yo llevo veinte años aguantando a tu madre no sé por qué no vas a poder aguantar tú a este bicho”)

Pero Espinete no era la única violación de las leyes de la naturaleza que andaba por el barrio: Había un ser con nariz de patata y de color pardo llamado Don Pimpón de profesión desconocida (¿parado de larga duración? ¿prejubilado? ¿rentista? ¿sin hogar? ¿buzo de la Armada en periodo vacacional?) que acompañaba al erizo en sus correrías. Entre los dos consiguieron hacerse con el cariño de los niños, aunque no con el de mi padre, que cada vez que veía al erizo en pantalla pensaba “menudo gilipollas de animal”, pero mi padre no cuenta porque no era un niño.

Tan grande era su popularidad que se acabaron incorporando al acervo popular frases como “Eres más tonto que Espinete que va en bolas por la calle y luego duerme con camisón” (otra de las preguntas que se hacía la gente al verle por la tele) o “Te mueves menos que los ojos de Espinete”, frase similar a “Te mueves menos que la estatua de un funcionario”.

La nueva serie se emitió desde 1983 a 1987, lo cual indica que, más o menos, su fase de producción coincidió con la primera legislatura en la que el PSOE estuvo al mando del Gobierno de la Nación y eso explica algún que otro detalle significativo. Algún lector repondrá que la serie también coincidió en el tiempo con las dos últimas ligas que ganó el Athletic de Bilbao y no por ello hay que sacar, por ejemplo, la conclusión de que el quiosquero de la serie llevara boina para celebrar el triunfo de los leones de San Mamés. Sin embargo, es innegable que los dos mismos personajes principales acabaron reflejando las tensiones que convulsionaban el partido socialista aquellos años: don Pimpón representaba al hirsuto guerrista de la vieja escuela curtido en los tiempos de la clandestinidad ligado al sindicato UGT (no hay más que ver el gorro que llevaba, que lo conectaba con los trabajadores del campo y de la construcción, y que le hacía parecer un afectado por la reconversión de los altos hornos de Sagunto) que veía al puercoespín parlanchín como un erizo advenedizo y arribista relacionado con las altas esferas económicas y lo que se conoció como “beautiful people”.
Los conflictos ideológicos estaban a la orden del día durante del rodaje y los guiones se reelaboraban constantemente para no herir la sensibilidad de una y otra corriente. Raro era el día que no se oían epítetos como “Solchaguista vendepatrias”, “Siervo del capital”, "¿Para esto he corrido yo delante de los grises?"; ”Fósil del pasado”, “Traidor a tu clase” o “Progre decimonónico” y aún se recuerda cómo el actor que interpretaba a Don Pimpón se presentó ataviado como su personaje en el plató el día siguiente a haberse votado “Sí” mayoritariamente en el referéndum de la OTAN (actitud que, aun consciente de la necesidad de atenerse a la disciplina de partido, le costó no pocos conflictos ideológicos internos) en un estado de completa embriaguez vociferando cosas como “Si Pablo Iglesias levantara la cabeza”, “El que mejor se lo ha montado es Tierno Galván, que se ha muerto antes de tener que pasar por esto” y “Que sepáis todos que Bono va a ser el primer guerrista que traicione a Guerra”

Tristemente, la bronca llegó a nivel físico cuando alguien puso un anónimo en el buzón de “Don Pimpón” en el que le hacía saber que en un mitin de, como diría Sánchez Dragó, la Alianciña Populeira de Fraga, había habido un espectáculo infantil protagonizado por Espinete (normalmente en un mitin político ya hay de por sí momentos propios de un patio de colegio, por ejemplo, cuando se empieza a acusar al rival con argumentos del tipo “Y tú más, y tú más, ustedes no están legitimados para decir una cosa así”, pero en este caso el espectáculo infantil sí que estaba explícitamente dirigido a los niños) Su furia llegó a tal extremo que se abalanzó sobre “Espinete” y empezó a golpearle mientras gritaba “¡Ahora sí que te has vendido a la derecha! ¡Niégalo, mala mujer, niégalo!” Hicieron falta tres cámaras y una script-girl para reducir al exaltado, que nunca aceptó que el Espinete conservador pudiera ser un Espinete apócrifo. Por aquel entonces no había cánones impuestos sobre, por ejemplo, los disfraces de erizo rosa, para poder sacarle dinero en concepto de derechos de imagen a Alianza Popular (que, por otra parte, como aún no contaba con Norma Duval para animar sus mítines, tenía que apañarse con lo que fuera para entretener a las masas) así que su estrella principal no vería un duro, lo cual le molestó bastante: ¿Quién había querido manchar una trayectoria tan impecable como la suya calumniándole ante su compañero de reparto? ¿Cómo se habían atrevido en AP a aprovecharse de su trabajo actoral desarrollando al personaje? ¿De dónde habían sacado el disfraz para el show? ¿Acaso había un tráfico oculto de disfraces de Espinete sustraídos a escondidas de los estudios de Prado del Rey?

La razón de ser de esta preocupación era esa extraña moda que recorrió la España de los ochenta (tengamos en cuenta que illo tempore había unos gustos tan raros como la música disco italiana, hacer aerobic, las hombreras estrafalarias o el cómic de línea clara ) y de la que aún sentimos los efectos: Por aquel entonces era muy frecuente era ir a una fiesta enrollada, encontrarte por ejemplo a tu jefe y que, con dos o tres copas de más, te contara que, para darle aliciente a su vida sexual, su señora y él habían empezado a “experimentar” poniéndose un disfraz de Espinete. Tú, cuando te preguntaba que si habías empezado también a “probar cosas nuevas”, para salir del paso, lo primero que se te ocurría responderle era que a veces, con tu chica, os poníais, respectivamente o no, un traje de Mr Spock de Star Trek y otro de la princesa Leia de Star Wars, aunque fuera mentira. (Había gente a la que no le funcionaba el truco porque lo único que conseguía era que lo respondieran :”Oye, pues si quieres quedamos el fin de semana en mi chalet de la sierra y nos montamos una fiesta enrollada entre todos”)
Sin embargo, esta tolerancia social hacia el uso de disfraces de Espinete no se extendía hacia los que se inspiraban en otros personajes: A los sexólogos de siempre les ha sabido muy mal tener que cortarle el rollo a una persona diciéndole que es un vicioso y un pervertido pero cuando se presentaba en la consulta una señora acusando a su marido de proponerle buscar nuevas sensaciones usando para ello un disfraz de don Pimpón se apresuraban a someterle a una terapia de deshabituación con descargas eléctricas en según qué partes al tiempo que le mostraban fotos del simpático ser parecido a un híbrido entre humano y patata.
No es de extrañar que Chelo Vivares y su marido, que interpretaban, respectivamente, al erizo y a Chema, el panadero del barrio, fueran la pareja más envidiada de toda España en según qué círculos por tener acceso a los verdaderos trajes de Espinete y no las burdas imitaciones de franela que se vendían en el mercado negro. Más de una vez efectivos de la Policía Judicial hubieron de personarse en su domicilio con un mandato de registro para comprobar si estaban implicados en alguna red de tráfico de disfraces con fines sexuales inspirados en el animalito.

Dejando de lado que de los dos protagonistas principales uno fuera un puercoespín parlante y el otro no fuera humano, en absoluto humano, no se puede decir que hubiera demasiadas escenas de fantasía, ciencia-ficción o terror en las aventuras que se vivían en el barrio (el realismo garbancero que dominó España en los ochenta asfixió todo lo que oliera a marciano o a hombre – lobo a lo Paul Naschy) Sin embargo, entre las cancioncitas que entonaban los residentes del barrio hay un par de perlas que sí son dignas de mención: Una se titulaba “Son de mentira” y en ella se afirmaba que “los fantasmas y las brujas / son de mentira, sí, sí, sí”, ignoramos si con la intención de desacreditar de un plumazo todo el género de terror o si solamente se pretendía poner en solfa las historias de las que se nutre el terror clásico y abrirle así camino ante las nuevas generaciones a un terror más renovado del estilo de Ramsey Campbell o Clive Barker (si no fuera por los pinchos, uno en la vida se imaginaría a Espinete participando en alguna historia del estilo de Hellraiser, pero hay más de un estudioso que se ha oído treinta veces la canción y así lo afirma y nosotros no somos nadie para enmendarle la plana)
La otra canción que llegó a tocarle el corazoncito a los amantes del gore fue la titulada “Un erizo como yo” que, como habrán adivinado los lectores más atentos, estaba interpretada por el animalito y servía para describir su personalidad. Si bien el estribillo era un tanto anodino:

“Como soy tan alto,
corro, brinco y salto,
¡soy el erizo más listo de aquííí!”
(según esto, toda persona que mida más de 1,80 m debería andar por la calle a la carrera y dando volatines), la cosa ganaba enteros con estos versos tan sobrecogedores
“Tengo pinchos en la espalda
pero por delante no
para que cuando te abrace
no te pinche el corazón”

Por aquellos años Dan Simmons aún estaba dándole vueltas al personaje que en “Hiperión” era conocido como el Alcaudón, que clavaba a sus víctimas en “El árbol del dolor”. Quién sabe si por un momento su mente y las de los escritores del programa coincidieron, aunque seguramente Simmons se hubiese autocensurado de pasársele por la cabeza la idea del Alcaudón diciéndole a un niño que si no tenía pinchos en el pecho era para poder abrazarle sin por ello atravesarle con ellos el corazón.

La serie terminó de emitirse en el 84 (para descanso de mi padre, que ya dejó de encontrarse al encender la tele con el puercoespín) y, como suele suceder, páginas y páginas de guiones y proyectos acabaron metidas en carpetas para acabar posteriormente en archivos A-Z. Quitando a ese tipo de personas que llevan su nostalgia hasta extremos patéticos y defienden a muerte las virtudes de las series que veían durante su infancia o su adolescencia y que coleccionan cualquier tontería relacionada con ellas pocas personas habría interesadas en conocer el contenido de esos archivos. Sin embargo, varios estudiosos de la teoría y la praxis de la televisión infantil tuvieron acceso a esos archivos y descubrieron el ambicioso proyecto de llevar a la pantalla grande a los personajes de la serie con un argumento propio de la ciencia-ficción en el que se desvelaba el origen de los dos protagonistas principales (también se desvelaba el origen de Chema el panadero, pero verle darse de alta como autónomo y adquirir una furgoneta por “leasing” para comprarle las barras a las tahonas locales no tiene demasiado interés para el aficionado a la fantaciencia)

En este episodio perdido de Barrio Seśamo se planeaba mostrar el cortijo ubicado en la serranía de Cazorla donde el taimado doctor Sánchezstein tenía su laboratorio en el que se llevaban a cabo hibridaciones de seres humanos y animales siguiendo la técnica del esqueje y el injerto cual si se tratara del Doctor Moreau de H G Wells: un sanguinario vigilante producto de la combinación de células de “homo sapiens” con otras de lince ibérico que hace de malo de la película, un híbrido de mujer y urogallo, otro de hombre y cabracho, un cruce entre quisquilla y mujer que hace de señora de la limpieza y, los más abundantes y los más logrados, si no desde el punto de vista intelectual sí desde el punto de la estabilidad del metabolismo, los híbridos de erizo a los que el doctor Sánchezstein tiene vareando aceitunas en el olivar circundante.

En ese idílico escenario reminiscente de series como “El prisionero” o “La fuga de Logan” o, mejor aún, “Rebelión en la granja”, el lector más atento ya habrá imaginado que hay dos seres disconformes con sed de libertad, uno, un cruce de humano con pepino de mar que se llama Pimpón, y el otro uno de los erizoides llamado Espinete. (El doctor tiene mucho más talento a la hora de hibridar que a la hora de poner nombres)

Una vez terminado este “flash-back” volvemos a la cruda realidad del barrio (disturbios estudiantiles, elevados índices de paro, inflación desbocada, gominolas que dejan de elaborarse de forma casera y se fabrican en el extranjero con colorantes y edulcorantes artificiales ...) que hace que los dos exiliados decidan ajustar cuentas con su pasado e inicien un largo viaje en el que Don Pimpón desnuda sus deseos más profundos mientras recorren la meseta castellana. “Todos los seres quieren perpetuar su especie pero, ¿cuál es la mía? ¿Cuál es la tuya? Mírate: ni tienes genitales externos, que yo sepa. ¿Qué somos? ¿Qué hacemos en este mundo que se ríe de nosotros? ¿Somos mortales? ¿Envejeceremos? ¿Podemos reproducirnos? Dios mío, qué desolación”
La pareja es recibida por el “mad doctor” responsable de su origen y, muy gráficamente, le hace saber de sus anhelos vitales: en una escena que homenajea tanto a “Frankenstein” como a “Amarcord” de Fellini don Pimpón, enloquecido, se sube a lo alto de un olivo gritando "!Quiero una mujeeer!” El olivo es una pieza fundamental de la agricultura española y da de comer a mucha gente pero no está hecho para aguantar según qué pesos, así que don Pimpón se da de bruces en el suelo. Conmovido, Sánchezstein se ofrece a dotarles tanto de capacidad reproductiva como de “partenaires” con los que ejercerla. Después el guión se pierde durante un buen rato explicándole a la infancia todas esas cosas tan bonitas que salen en el material de educación sexual para primaria: que si el polen, que si las semillas, qué es lo que hace falta para plantarlas en terreno adecuado, que si la sexualidad responsable, etc, etc.
Afortunadamente los guionistas no desaprovechan a un personaje como el híbrido de lince y le vemos intrigar junto a un híbrido de caracol (había que aprovechar el muñeco de Perezgil), envidioso del carisma ante las masas de los recién llegados y temeroso de que don Pimpón ocupe su puesto a la diestra del profesor y le arrebate sus numerosas prebendas (acceso al reproductor de vídeo Beta y al microordenador Spectrum, pases de pernocta, zamparse un erizoide vivo y coleando cada mes ...) Justo antes de la intervención los dos malos dejan inconsciente al profesor y, aprovechando que Espinete y don Pimpón están anestesiados les dotan de sexualidad, sólo que según los perversos planes del caracol, que ha estado estudiando los procesos reproductivos del esturión con vistas a montar una piscifactoría: Cuando despiertan ven horrorizados cómo el erizo tiene una cloaca por la que evacúa huevos que sólo pueden ser fecundados por el fluido seminífero que sale de los genitales de su amigo según leen en las instrucciones de uso que les han dejado en el quirófano.
Creyéndole culpable de su condición, los dos amigos se presentan ante su creador y, en una escena obviamente escrita bajo la influencia de Blade Runner que por aquel entonces se había estrenado hacía poco, como si fueran el replicante Roy, primero le besan en la boca y después lo estampan contra las púas de Espinete que, a causa de las hormonas sexuales que corren por su sangre, están por fin erectas y puntiagudas, por lo que el profesor muere más perforado que un alfiletero.
Sin embargo, acaban sabiendo que el profesor no fue el responsable de su horrible condición (horrible si no se es un pez, porque los peces llevan millones de años reproduciéndose así y no parecen encontrar inconveniente en hacerlo así) y, sintiéndose culpables de la muerte de un inocente, deciden aliviar ese sentimiento de culpabilidad matando a dos culpables, el caracol y el lince: Don Pimpón demuestra que si se le llama “don” no es porque tenga un aire de respetable persona mayor (que, con ese sombrero, no lo tiene), sino porque se lo ganó batiéndose el cobre en los rings de lucha libre en Méjico y de un certero molinete acaba con las vidas de sus enemigos.

Una vez resuelto el tema en la granja los dos protagonistas han de afrontar su relación personal y la historia entra en el terreno del drama: don Pimpón desea dar rienda suelta a sus nuevos instintos pero Espinete, como en el fondo es un estrecho, tiene serias objeciones al respecto: “Conmigo no cuentes para 'eso', pero siempre podemos ser amigos” “Pues mira, la amistad te la puedes meter por el culo”

La película termina con un Espinete horrorizado (u horrorizada, ya que no queda del todo claro en qué género hay que encuadrarlo después de la intervención) huyendo del que fue su amigo por las nieves del polo, sabedor de que le está rastreando con su nuevo olfato capaz de percibir sus hormonas en el aire aun a kilómetros de distancia, presto a fecundar cualquier pegote de huevos que se vaya dejando por ahí.

Hemos sabido (más bien Luis G Pardo, editor de Videópolis, nos ha hecho saber mediante mailings masivos) que Rodrigo Menéndez, autor que ha lanzado al mercado pastiches que homenajean al personaje de Conan Doyle tan exitosos como “Sherlock Holmes contra Artapalo” y “Sherlock Holmes en Puerto Hurraco” planea aprovechar este guion perdido para una nueva novela que se titularía “Sherlock Holmes en el Barrio del Miedo” en la que el detective se establece en el vecindario e intenta esclarecer los sucesos misteriosos que acontecen en él, tales como posesiones diabólicas, invasiones alienígenas, robots gigantes que viajan en el tiempo y hombres polilla devoradores de trapo que amenazan con comerse a toda la población de muñecos.


lunes, 11 de junio de 2007

“LA TELE QUE MAMASTE”: UN EXTRACTO



El editor Gundisalvo Gonzálvez Halcón, propietario de la megacorporación Grupo Dreaditorial Aserejec, ha puesto recientemente a la venta el sobresaliente estudio sobre las series televisivas de ciencia – ficción titulado “La tele que mamaste” obra del fuera de serie del estudio de hasta las más serias series sirias Ildefonso Melero. (Para más detalle ver el post anterior al post anterior, es decir el antepenúltimo si consideramos éste que estás leyendo ahora el último, aunque si no lo consideras así, estamos hablando del penúltimo)

A cada una de las series se le dedica una ficha que incluye datos como temática general, productora, guionistas, actores y directores principales, número de episodios que duró y fecha de emisión en su país de origen que casi nunca es España (afrontémoslo, muy poquitas series del género que merezcan la pena han salido del erial patrio, quitando “La gabina” de Mercero, “Historias del otro alelado” de Garci, “Histerectomías para no dormir” del mamachicho Ibáñez Serrató y “Los mundos de Yupi” que, debido al entusiasmo que sentía por él el propio Jordi Pujol acabó traducida al catalán como “Els mons del Yuppie”) Además, Ildefonso complementa esa información básica con detalles curiosos como las marcas de las batidoras que aparecen en cada uno de los capítulos de las serie y si, por ejemplo, sale una mujer viéndosele la pechuga y en qué episodio y minuto es posible verla.
Gundisalvo, interesado en que la gente compre más su libro (aunque en realidad le es lo mismo si sólo lo compra una persona pero acaba pagando toda la tirada), ha tenido la amabilidad de cedernos un extracto del libro por si alguien lo lee, se pica (en el buen sentido de la palabra) y decide comprárselo entero (no, no acepta que la gente arranque las páginas que leerá aquí del libro y luego pida que se la descuenten del importe total) ¿Por qué hace esto? ¿Por qué querría un editor darnos un episodio para que nos lo leamos por la patilla? La explicación para esta medida aparentemente sin sentido, como en tantas cosas de un tiempo a esta parte, la tenemos en el marketing: “Recuerdo que veía a la puerta de mi instituto unos mayores con gafas de sol repartiéndoles sobrecitos a algunos chavales con algo que parecía sal marina o chocolate. Por supuesto, el dinero necesario para esa cantidad que les regalaban, se perdía pero, ¿qué era eso comparado con la posibilidad de establecer una relación comercial que te asegure una cartera de clientes leales capaces de vender a su padre para hacerse con lo que vendes? Y me dije, ¿por qué no hago yo lo mismo con los libros que publico, a ver si la gente se engancha y acaba apoquinando por el libro entero?”
Y así es como llega a este blog el exhaustivo repaso a ese programa que nos hizo soñar a todos de pequeños y gracias al cual aprendimos la diferencia entre arriba y abajo (la diferencia entre izquierda y derecha la aprendimos leyendo “El capital” y “El libro rojo de Mao” por un lado, y los artículos de Federico Jiménez Losantos, por otro):
BARRIO SÉSAMO: LA POÉTICA DEL TRAPO
Podía haber sido uno más de los programas surgidos de la productora Childrén Telly Netpork, pero la prodigiosa imaginación de su equipo creativo llevó a los hogares de todo el globo terráqueo una galería de seres monstruosos que pueblan un mundo en el que la evolución no se ha basado en el silicio como en alguna que otra novela de ciencia-ficción o en las cadenas proteínicas a partir de las cuales está compuesto este autor y supongo que un porcentaje significativo de mis lectores, sino que la forma de vida dominante, mucho más diversa que la que aquí conocemos, está basada en largas cadenas moleculares de celulosa organizadas en fibras más o menos de la forma que aquí conocemos como “trapo”.
Esta materia base, lógicamente, condicionaba el aspecto externo de los personajes que, por regla general eran bastante peludos y, al igual que los canarios y los perros cuando pasan por la muda, iban dejando pelusas verdes, azules, rojas .... por todas partes. También los había con poco pelo que parecían esos muñecos que hacen los niños enrollando dos guantes de tela o dos calcetines viejos (es de recordar una escena no emitida en España que tenía lugar en un asilo de monstruos jubilados y que mostraba de manera dolorosa los efectos de la decadencia del trapo: “sietes”, desgarrones, desteñidos, roces, manchas de nicotina en los dedos contra las que no podía hacer nada ningún detergente ...)
A estas alturas el lector atento se estará preguntando que de dónde salió la idea de basar en el trapo y no en la carne, las plumas, el cuero o incluso el ganchillo: ¿tenía el padre del productor una planta de reciclado de ropa vieja, acaso, y hacía negocio surtiéndoles? Para encontrar la respuesta tendremos que remontarnos a finales del siglo XIX: en Dinamarca surgió una sociedad que creía en la fraternidad entre los seres humanos por encima de razas y naciones y que estaba particularmente horrorizada ante el hecho de que seres humanos fueran discriminados por motivo del color de su piel. “Los estudiosos de Kronenbourg “ dedicaron páginas y páginas a estudiar la relación entre la identidad que de sí mismo tiene cada ser humano y el concepto de “cuerpo” con el fin de desligar el color de la piel y otros atributos raciales de la propia identidad para evitar el racismo. Si tenemos en cuenta que pocos años después Centroeuropa se llenó de gente aficionada a pasearse con el brazo en alto y a meter en campos de concentración a seres humanos de “razas inferiores” llegaremos a la obvia conclusión que, fuera de determinados círculos intelectuales, él éxito de esta sociedad fue bastante limitado. Con la guerra el grupo se desbandó y los principales ideólogos del grupo acabaron dedicando sus esfuerzos a la producción de la cerveza noruega Kronenbourg, con mucho mayor éxito del que obtuvieron influyendo en las masas, salvo dos miembros que emigraron a Norteamérica: Uno fue el progenitor del cineasta canadiense David Cronemberg, que con filmes como Scanners y Videodrome, además de hacerle pasar bastante asquito a los espectadores abundó en el tema que había estudiado su progenitor y fundó la estética conocida como “la nueva carne”. Por su parte, Friedrich Kronembourg, otro hijo de los inmigrantes, que acabó dedicándose a programas infantiles, elaboró por su parte la estética del “nuevo trapo” llenando la pantalla de cuerpos como los “cabezones”, dos (o uno, según se mire) monstruos siameses con un sólo tronco, pero con dos cabezas,los “trompetillas”, monstruos con una bocina por nariz, ranas parlantes, un ser volador sobrehumano (o supermonstruoso) llamado SuperKoko que surgió de las numerosas lecturas de Nietzsche que hacía Friedrich, una velada referencia a la adicción a las drogas como es el caso del voraz monstruo devorador de galletas Triqui, un vampiro adicto a enumerar cosas como el conde Drako y una civilización de seres diminutos conocidos como los nabucodonosorcitos (prueben a decir la palabra mientras se comen un mantecado, prueben) que habían colonizado un parterre en el que tenían la solución habitacional la familia protagonista.

De entre el elenco de personajes destacan dos personajes que supieron ganarse el aprecio de los niños pero que en España nunca consiguieron despejar los rumores relativos a su sexualidad: Ernie y Bert (en España Epi y Blas, en vez de Ernesto y Berto, que hubiese sido lo suyo) eran dos personajes que vivían en la misma casa, pero de los que nunca se decía si eran hermanos o padre e hijo (hubiese resultado extraño, siendo uno de color naranja y el otro de color amarillo) o si eran dos estudiantes que compartían piso, lo que preocupó a más de una madre, temerosa de que en realidad fuesen dos muñecos homosexuales que por las noches mant
uvieran contacto carnal (o trapal, o textil, o como se diga)
Todas estas dudas maliciosas nunca hubiesen tenido lugar si se hubiera emitido en nuestro país el episodio en que se relata el encuentro en la puerta del Seminario Mayor de la Facultad de Teología de Maguncia de estos dos novicios de la orden mendicante de los monjes de la Trapa (principalmente fueron los famosos bombones que se elaboraban en la confitería de la orden lo que atrajo hacia ella a estos personajes) o aquél en el que Blas comparte con Epi su crisis de fe tras unos ejercicios espirituales dirigidos por un carmelita descalzo o el gran momento de la ordenación sacerdotal de ambos. Quizás los responsables de programas infantiles no se atrevieron a mostrarle a una España que aún no se había hecho el cuerpo a la renovación eclesiástica inspirada por el Concilio Vaticano II a dos religiosos que no vestían la sotana o el alzacuellos de rigor y el público hispano nunca supo de esta faceta de Epi y Blas. Es una pena, porque así se perdieron sus escenas de vida estudiantil: los apuntes, las fotocopias, las exámenes, las recuperaciones en septiembre e incluso en febrero (resulta comprensible que unos personajes que necesitan repasar nociones tan simples como “arriba y abajo” tengan dificultades para asimilar conceptos como “Dios es uno y trino”, la “Summa Teologica” de Santo Tomás de Aquino, “De civitate Dei” de san Agustín, el nominalismo, el pelagianismo, el julianismo o la teología de la liberación, etc, etc.) La simpática pareja no sólo protagonizó escenas musicales o típicas de la comedia de costumbres, sino que el aficionado al fantástico también pudo disfrutar de un sentido homenaje a las películas de terror de los años treinta cuando Epi y Blas, ya ordenados sacerdotes y adiestrados por un tal padre Carras Kahl son enviados a exorcizar una aldea situada en los Cárpatos sometida al imperio de un temible vampiro de tez violácea conocido como el conde Drako. Los briosos movimientos de cámara, dignos de la mejor película británica de la Hammer, atrapan la atención del espectador que contempla cómo, armados de agua bendita, mazos y estacas, los protagonistas hollan la cripta del conde que les espera agazapado listo para lanzarse a la yugular del religioso de color naranja que se ha equivocado y en vez de cubrirse el cuello con un collar de ajos que repela al vampiro como ha hecho su compañero se lo ha cubierto con una ristra de pimientos choriceros.

Sin embargo, la conducta que los actores mostraban en la vida real distaba mucho de la que se les veía en la pantalla: juergas con strippers incluidas, bebida, sustancias ilegales y, particularmente en el caso del actor que encarnaba a Blas, amistades ideológicamente sospechosas. Como descubrió la web http://www.bertisevil.tv éste último frecuentó al dictador argentino Videla, a Saddam Hussein, participó en reuniones del Ku Klux Klan y, al parecer incluso antepasados suyos fueron vistos con Hitler y algún retrato robot del Londres victoriano presenta a un Jack el Destripador enormemente parecido al Blas que todos conocimos de pequeños.
Incluso se rumorea que durante la huelga de hambre del etarra De Juana Chaos se presentó para mantener un contacto bis a bis con él un extraño con el pelo tieso y la piel muy amarilla transportando un pirulí y una tripa de salchichón ocultos en su cuerpo.










Esta personalidad desajustada también acabó manifestándose en el trabajo en la serie: él y varios miembros del equipo tenían, como decía, “cuentas pendientes” y los reproches y las acusaciones de divismo llegaron a extremos desorbitados cuando la rana Kermit (Gustavo para nosotros) empezó a presentar el mundialmente conocido programa de variedades “Muppet Show” (en España “Los Teleñecos”) mientras que su proyecto de presentar un informativo quedaba congelado, lo cual llegó a atribuir a manejos del batracio: “Yo aquí sacando adelante el programa y la cochina rana papando moscas todo el tiempo con la cerda esa” (Ese último epíteto iba por Miss Peggy, también presentadora del show y protagonista del serial “Cerdada espacial”, la única estrella de la televisión mundial que en vez de camerino tiene una cochiquera, aunque cualquier espectador atento de las cadenas en abierto convendrá en que en la fauna televisiva hay un buen puñado de mujeres a las que, aun sin formar parte de la cabaña porcina española, el calificativo anterior les ajusta perfectamente) Se comenta que tal era el grado de frustración que se apoderó de él al ver truncada esa ambición tan típica de las estrellas infantiles de trascender su papel (véase el caso de Milikito) y convertirse en un gran comunicador al estilo de Walter Cronkite, Lou Grant o José María Carrascal que pagó a dos matones para que fueran a la charca de Kermit a partirle las ancas. (Ciertos confidentes de la policía cuentan que lo que le libró de la paliza a Gustavo fue el gran parecido que guardaba con él uno de esos príncipes encantados que pululan por los estanques y que acabó llevándose tal somanta de palos que no valía ni para tests de embarazo)

domingo, 3 de junio de 2007

SIC TRANSIT GLORIA MUNDI


Un servidor no puede menos que deplorar la acritud del comentario vertido (o mejor, evacuado) por un anónimo perro sobre el desplegable con las propuestas electorales de esta pobre candidata del PSA (pobre porque no alcanzó los votos necesarios ni siquiera para una concejalía que le permitiera pactar con una fuerza mayoritaria) Con la cantidad de tiempo y dinero que habrá hecho falta para confeccionarlo: esas sesiones fotográficas, esos ratos de miedo ante el “PageMaker” (o el Scribus) en blanco preguntándose qué puñetas poner en los espacios dedicados al texto (con lo fácil que es hacer como en Canarias y meterse en la web de “Ciutadans de Catalunya” y copietear unas pocas propuestas: vivan la compartición del conocimiento y la licencia Creative Commons) ...

Ahora es cuando a los servicios de limpieza municipales les toca limpiar los restos de este monumental ego-trip por parte de nuestra clase política. El resto de la ciudadanía que no milita en ningún partido político ya podemos descansar de tantas declaraciones pasadas de vueltas y tanto coche con la musiquita del PP (por ejemplo) a todo volumen por la calle. En cuanto a los ciudadanos que leen este blog y militan no hay más que desearles que hayan disfrutado de estos meses de intercambio de ideas y actos de comunión con ruedas de molino (quién sabe la de parejas que se habrán formado en las pegadas de carteles) y si se presentaban a algo, pues que hayan pillado siquiera un carguito que complemente su salario o al menos alimente su autoestima.

Por otra parte, desde “Días de Vino y Fándom” no nos queda sino expresar nuestro profundo desánimo por la incapacidad del electorado para apoyar propuestas que son un soplo de aire fresco para el adocenado sistema actual: ¿Por qué leches no ha alcanzado ni una puñetera poltrona una iniciativa del calibre de la ofrecida por el Partido Karma Democrático, que presentaba a la alcaldía de Bilbao el tándem formado por Julio Albitre y Bosco el Tosco con un slogan tan sugestivo como “El voto inútil, el voto como tú” y promesas tan revolucionarias como desecar la ría para hacer la línea 3 del metro y hacer de Bilbao paraíso fiscal para convertirlo en un Gibraltar con txapela? ¿Por qué Jorge Juan no ha llegado a alcalde de Valencia ofreciendo un cambio urbanístico tan radical como pintar los barrios de colores para que se vean bien en el Google Earth o darle una nueva vida al tráfico cambiando la musiquita de los semáforos por el “My way” (“Mi camino”, muy apropiado)?

Quizás el electorado debería reflexionar, que ya está bien de votar siempre a los mismos. Al electorado de cuando en cuando hay que cogerle de las solapas y decirle cuatro frescas, no como cada vez que sale el portavoz de un partido que se ha llevado un repaso y dice mentiras piadosas como “No hemos sabido transmitir nuestro mensaje” (igual es que el mensaje y su transmisor no valían un duro y la gente sí lo ha captado) o “No hemos sabido movilizar a nuestro electorado” (¿no será más bien que vuestro electorado es mucho más pequeño de lo que tú te crees o que los que alguna vez os han votado se han hartado de vosotros y se han quedado en su casa tocándose los cataplines o han votado a otro?)

Para que no digan que al presidente Zapatero no le hacen caso por el extranjero, aquí está una entrevista suya en la RAI, donde también han caído en la cuenta de lo mucho que se parece a Mister Bean

FELIZ DIA DE LOS INOCENTES

 Ya le habréis echado un vistazo a StardustCF , ¿no? Que las imágenes son la mar de bonicas ... ¡Feliz 2024!