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sábado, 2 de marzo de 2013

MATRIMONIOS QUE CASAN MAL: AUTORES Y TRADUCTORES

Cuando dos personas entablan una relación hay varios casos en que se sabe de antemano que la combinación de personalidades puede no ser la óptima: un carnicero y una vegetariana, un banderillero y una ecologista, una actriz porno y un numerario del Opus Dei (en cambio, entre un ex-presidente del Barcelona CF y una actriz porno las cosas parecen ir más engrasada, como demuestran Joan Laporta y María Lapiedra) ...

En el reciente estudio publicado por el Instituto Finlandés de Traductología, Escritorología, Editorología y otras Actividades encuadrables en el Sector Servicios se ha tratado el tema de la convivencia en el seno del matrimonio entre profesionales de la traducción, de la edición y de la creación con la intención de al menos paliar las distorsiones que puedan darse en el rendimiento laboral cuando los dos cónyuges trabajan en alguno de estos campos.  (Un futuro estudio tratará esos mismos temas, pero ya dentro de lo que son los rolletes de "aquí te pillo, aquí te mato")

Entre las conclusiones está el tranquilizante descubrimiento de que cuando hay buena voluntad las cosas no tienen que ir mal, pero no es infrecuente que se produzcan conflictos entre las personalidades creativas como los escritores y las que muestran rasgos más rígidos como los correctores, que siempre acaban siendo acusados por los primeros de ser unos retentivos anales.

La convivencia con los maquetadores también puede hacerse complicada, especialmente si acaban llevando su costumbre de disponer las cosas a su gusto y manera al mobiliario doméstico, como fue el caso del traductor que presentó una demanda de divorcio nada más entrar por la puerta y encontrarse su buhardilla trendy de 300.000 € reconvertida según los principios del feng-shui.

Sin embargo, los más problemáticos siempre son los escritores, quizá influidos por la idea bohemia (cuya capital es Praga) de que para escribir en condiciones hay que beber absenta como un cosaco o haber ejercido profesiones tales como marino mercante como Paul Auster para que queden en la solapa del libro (lo de traficante de esclavos como Rimbaud ya está desterrado del todo). Casados con traductores ("Cómo se nota que eres traductora, porque estás poniendo en mi boca palabras que no he dicho"), con correctores ("No, si he dejado los calcetines ahí es porque quiero que estén ahí y me gusta que estén ahí y no voy a ponerme ahora a explicar porqué. Oh, Dios mío, me ahoga este matrimonio pequeño burgués") o con maquetadores ("No, mis novelas de terror escritas por centroeuropeos van en el cuarto estante y ahí se quedan, no sé de dónde sacas que puedan caerse ... -CRAAAC - ¡Oh, Dios mío!, me voy a tirar todo el fin de semana recogiendo este desastre, la culpa es tuya por no fijarte") la bronca está asegurada y raro es que no se lleven alguna que otra pulla de vuelta ("Se nota que escribes microrrelatos porque hoy estás pasando de los preliminares y no hago bromas con el tamaño de según qué osas por educación")


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¿De qué va esto?

No sabéis dónde os metéis .... Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia del todo, pero casi. Friquis, aznarquis, hards, gafapastas, conanianos, trekkies ... todos ellos pasados por la turmix (o la thermomix) de la parodia.