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domingo, 12 de agosto de 2012

"EL VAMPIRO RENEGADO": ESCANDINAVIA VAMPÍRICA

(Un post anterior que quedó inconcluso y que alcanza un nuevo fulgor tras un intenso proceso de pulido y barnizado)

De todos es sabido que el editor que no quiere quedar como un pelanas en este fandom cruel y despiadado acaba cediendo a este blog un capitulillo de sus libros de ensayo para que el ser humano en general pueda disfrutar con su lectura. Eso mismo han hecho en la editorial "Santos que yo te pinté" con el capítulo dedicado a la filmografía sueca de vampiros incluido en la magna obra "El vampiro renegado", en la que se da un repaso a todos los no-muertos que deciden pasarse de las tinieblas al reverso luminoso. Eso sí, el editor no se ha cortado y ha aprovechado para colocarnos unos cuantos párrafos de promomarketing, pero por esta vez y sin que sirva de precedente vamos a darle bola:

"Este libro es sólo el primero de una prometedora serie que me encargó la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior con la intención de presentar a la sociedad modelos de personajes míticos que, a pesar de ser monstruos responsables de crímenes tremebundos, inicien un proceso de reflexión y reinserción que les lleve a ser gente de provecho, así que le encargué a mi querido autor Rafael Gómez y Gómez que, igual que hizo con el vampiro, lo hiciera con hombres - lobo, momias y el etarra De Juana Chaos (Aunque ha decidido rechazar la idea de comenzar una obra centrada en este último pues, aun curtido en el visionado de escenas gore, decorados góticos y hasta feístas, tras una mínima documentación preliminar sobre el mundillo abertzale, se ha confesado incapaz de seguir adelante tras ver en fotos el rostro de unas cuantas concejalas de ANV y no hace más que decir que su peluquero debería ser expulsado de la profesión)

Ahora, unos  minutos musicales con Andrés Pajares interpretando su "Drácula Ye-Yé" (si Bram Stoker saliera de la tumba ...)



Aquí hay una versión del mismo temazo a cargo del Doctor Explosión:



Y ahora, Gorillaz, interpretando "Dracula" en directo:




ESCANDINAVIA VAMPÍRICA

Hay gente que se piensa que las historias de vampiros se acaban con Bela Lugosi por la parte americana, Christopher Lee por la británica y "Don Cipote de la Manga" por la española.

Película americana de vampiros


Película inglesa de vampiros

Película española de vampiros
Una patochada (en el buen sentido de la palabra) de vampiros

Pues no, que hay otras filmografías poco exploradas como la que nos viene fresquita de esa gran nación europea que conocemos como Suecia. No todo es angustia existencial a la manera de Bergman, altos impuestos, grupos pop y servicios públicos impecables, sino que también hay una buena tradición de seres de las tinieblas dispuestos a morderle el cuello a rubias doncellas de pómulos altos. El clásico Gustaff Svensson, el rey de las ambientaciones numinosas en la neblina escania, buceó en ambientes históricos con su "Viciosos Vampiros Vikingos" de 1926, que mostraba a un terrible grupo de adictos a la hemoglobina adornados con unos colmillos aún más grandes que los cuernos aterrorizando a las poblaciones vecinas a lomos de sus drakkars y haciendo surf sobre lápidas. (El lector aficionado a los deportes náuticos debería venirse a la localidad campogibraltareña de Tarifa al concurso que tiene lugar cada año la Noche de Difuntos de "surfing" sobre lápidas en el que los jóvenes se echan a la playa a intentar surcar las olas pisando tan pétreo material ... las lápidas, sostenidas por grupos de 3 o 4 jóvenes a las que además se suben los chavales más lanzados, en algunos casos llegan a recorrer la asombrosa distancia de 170 centímetros antes de que hundirse del todo y dar con la plataforma continental)

Además de la magnificencia de unos decorados que se trajeron de segunda mano de Alemania sobrantes del rodaje de "Los nibelungos" de Fritz Lang, se puede disfrutar de la soberbia interpretación en el papel de hierofante del clan de la estrella de la época, Sigmund Grissom, del que los anales cuentan que no necesitó maquillaje ninguno para representar la mortuoria palidez de ultratumba pues, al no haberse inventado la biodramina para paliar los desórdenes que provoca en algunos el viaje en barco, lució durante todas las escenas navales un cadavérico semblante en el que más de uno ve la raíz de la interpretación de Bengt Ekerot como la Muerte en El Séptimo Sello de Bergman.

Grissom nos regaló una de las más memorables escenas del género de aquella década cuando su personaje es traspasado por el arpón de cazar ballenas que le lanza un cazador de focas de las Islas Feroe, resentido porque el líder de los vampiros le ha arrebatado con su magnetismo numinoso a Sigrid, su amada. O eso se piensa él, que es correspondido y es su amada, porque en realidad la chica siente que la relación ha llegado a un punto muerto y necesita un tiempo para sí misma, así que se lía con el primero que pasa, que resulta ser el susodicho vikingo. Y cuando le ha convencido de que, por amor, deje el vampirismo, llega el ex y lo mata. La película culmina con el hundimiento de un drakkar lleno de nosferatus que se deshacen estallando como las plumas de una almohada que es disparada con un rifle de repetición (así fue como se consiguió el efecto especial, gracias al concurso de tiradores de élite del Ejército Sueco, que abrían fuego contra almohadas que llevaban encima cascos con cuernos y cotas de malla)

Tres años después, tras hipotecar una piscifactoría de salmones en Ystad para obtener financiación Svensson siguió profundizando en el tema estudiando el complejo sistema de relaciones que conformaba una comunidad de vampiros luteranos perdida entre agrestes montañas y el conflicto que creaba la aparición de una hermosa visitante que se debía refugiar en el cortijo propiedad de esos señores. En "La moza del alba" el patriarca de la familia Mansson, que ha mantenido a los suyos lejos de un pecado tan horrible como es el vampirismo mediante la lectura de salmos y pasajes de la Biblia y la ingesta de savia, zumos, caldo de gallina y alguna que otra morcilla de Burgos, aparte de en domingos y fiestas de guardar chupar cabezas de langostino (que es lo que más se le parece a chuparle la sangre del cuello a un ser humano), acoge a la moza por el deber de hospitalidad, pero su hijo menor desea dar rienda suelta a las ansias de sangre que le produce la maldición que aqueja al clan.

Una ambientación digna del mismo Carl Theodor Dreyer sirve de escenario al miedo del padre a que su hijo arruine el nombre de la familia y desate una caza de brujas, a la pasividad de las hermanas, a la actitud cobarde de la madre incapaz de decir esta boca es mía y a la irresponsabilidad del muchacho que está en una edad que no le deja ver más allá de su egoísmo.

La noche y los 237 minutos de película concluyen con la revelación de que la impertérrita visitante es la misma Muerte que viene a reclamar las almas que el Destino le ha escamoteado unos cuantos siglos, pues la montaña que con su sombra protegía a la cabaña de los Mansson de la luz solar explota por culpa de los cálculos erróneos de un ingeniero de minas de la cantera cercana que ha detonado diez veces más barrenos de los necesarios por culpa de un decimal mal colocado.

La crítica de la época, a rebufo del influyente mandarín de la cultura local Arne Swansson, al que Svensson le había levantado una vez la novia, puso de vuelta y media la película argumentando que "La moza del alba" suponía un paso atrás en el camino de revisión de la represiva moral imperante iniciado por el dramaturgo noruego Henrik Ibsen al apoyar la represión de las pulsiones sexuales alegorizadas por el deseo del muchacho de morder a la visitante.

Sólo podemos imaginar la amargura que supuso leer reseñas tales para Svensson que ya veía en peligro la piscifactoría de su familia. De lo que no se libró fue de que en los círculos culturales se le dejara de lado y nadie volvió a invitarle a echar partidas de tabas en las saunas de Malmö.

Lamentablemente, el fructífero venero del vampirismo escandinavo no renacería hasta 1965, año en que Olaf Edmonson dirigió ese clásico llamado "El bigote del vampiro". Trufada de imaginativos efectos especiales como una desintegración de momias y nosferatus para la que se dinamitaron setecientos cincuenta bacalaos ahumados, trata de un tema tan denso y reflexivo como es el de la ética y su relación con el remordimiento. ¿Alguien que sigue un código moral y que, en un momento de debilidad lo contraviene ha de tomar conciencia de su culpa o puede limitarse a ignorar el acto sin intención de repararlo? ¿Un crimen irreparable basta para condenar a una persona o cabe la posibilidad de la redención? Para ilustrar esta disyuntiva se nos presenta a  un vampiro que, aislado en la tundra, sobrelleva tranquilamente su problemática sin necesidad de morder a nadie (el elemento común a las historias suecas de vamipros parece ser la represión de tan fea costumbre, se habrá dado cuenta ya el avispado lector)
Sin embargo, un buen día llega una familia de campistas en un carromato tirado por tres morsas amaestradas (en Suecia no hay morsas, creí que este detalle sería de interés para el lector)  y se desata la tragedia por culpa de la hija menor de la familia que la verdad es que iba provocando. Quizás como símbolo del castigo divino se desata una tormenta de tres pares de narices justo después y un rayo destruye las provisiones de cecina y arenques ahumados que había preparado para sus "smorgasbord" invernales el vampiro. Un crudo invierno llega, pero por fortuna para el atormentado vampiro la orgía de sangre ha sido tan grande que aún quedan en su bigote restos suficientes como para alimentarse un mes entero chupeteando los pegotes coagulados.


La época de esplendor de la Hammer en el Reino Unido, tristemente, no encontró eco en Suecia y los llegaron años de una sequía que se prolongó hasta los ochenta. Muy marmolillo habría que ser para no reseñar el intento fallido que pretendía contar con la participación del célebre actor Rolf Lassgård, que encarnó al inspector Wallander en la adaptación que hizo la televisión sueca de la serie de novelas policíacas de Henning Mankell. El proyecto, titulado "El inspector Wallander contra los vampiros", quedó en nada.

Sin embargo, uno de los momentos más brillantes será la aparición de una película basada en una novela enormemente influenciada por nuestro país, "Hispanic svett" ("Sudor Hispano") , cuyo autor, Friedrick Firedrisson, tuvo la genial idea de imaginar a los vampiros renunciando a la sangre y nutriéndose de otros fluidos humanos distintos (la saliva, las lágrimas, el moco ... hay que ver la de fluidos que puede albergar un ser humano)

Pero si Sigmund Sorenson, el productor del proyecto no quería que le clasificaran la película como porno mejor sería limitarse al sudor. Sin embargo, la temática produjo problemas a la hora de hacer el casting: Cristopher Lee no tenía ganas de salir chupándole la axila a un albañil y Federico Luppi también se escaqueó arguyendo que se le pedía un imposible ya que en Suecia no había forma de sudar (por más que los ayudantes de producción prometieran aprovisionarse de guindillas y pimientos de Padrón)


La película se tituló  "Den Spanska! (Hispanic svett)" ("¡A por las españolas! (Sudor español"), recordando a nuestro gran José Luis López Vázquez cuando gritaba "¡A por las suecas!" en películas españolas en las que su personaje más que en busca de sangre iba en busca de carne . En correspondencia, los vampiros suecos gritaban "¡A por los hispanos!" cuando recorrían Mijas Costa las noches más calurosas en busca del sudor humano que saciara su sed de siglos.

El argumento se centra en las peripecias de un vampiro sueco que vuelve de unas vacaciones en la Costa del Sol (que para un vampiro es lo mismo que Río de la Plata para un hombre lobo) y echa de menos los festines de sudor que se ha podido dar y convence a sus amigos de chupar sudor en las saunas, pero no es lo mismo, porque les sabe a aguachirle.

Una de las escenas más tremebundas es la que protagoniza un obrero de la construcción de 127 kilos de peso y natural de Benalmádena, en medio de una carretera a las cuatro de la tarde un día de agosto, maniatado por un vampiro malvado que le ha dejado allí vestido con un traje de franela tras hacerle comer  kilo y medio de bacalao y seis morcillas de postre, para que así sude más y darse un festín. Sin embargo,  lo imaginativo de la propuesta no encontró eco entre el público sueco, aunque pudo mantenerse en cartel seis meses en un cine de verano finlandés en el que les sorprendió la aurora boreal en plena proyección.

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¿De qué va esto?

No sabéis dónde os metéis .... Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia del todo, pero casi. Friquis, aznarquis, hards, gafapastas, conanianos, trekkies ... todos ellos pasados por la turmix (o la thermomix) de la parodia.