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miércoles, 28 de agosto de 2013

ESCENAS TRASQUILONIAS

(Agradecido a José M Cárdenas y Rita Vicencio sin cuyo concurso este entremés no existiría)
Lugar: Una rotonda a las afueras de la ciudad-estado/emirato independiente/satrapía herediaria de Trasquilonia. El sol se pone. (Se pone entre las montañas y ahí se va a quedar hasta mañana, para ser más precisos). Sofocado por el calor, un retratista en cuclillas vuelca su arte sobre un lienzo en el que poco a poco van tomando forma las siluetas de dos miembros, uno femenino y otro masculino, del equipo de seguridad de la hija del sátrapa. (La hija del sátrapa es gordita y feúcha y su padre está loco por que pille un marido para quitársela de en medio, pero que si quieres arroz, Cunegunda, porque la niña no pone nada de su parte)

Ella: Oye, no sé si esto que te voy a preguntar será demasiado personal ...
El: Tú pregunta, pregunta.
Ella: Cuando posas para los retratos que le envías a tu sobrino de tu tierra natal, ¿siempre sales con el ceño fruncido como ahora? Tal y como estás, podrías sostener una lanza entre ceja y ceja.
El (visiblemente incómodo): Bueno, alguna vez he salido con la mano en la barbilla para expresar profundidad pero cuando el retrato es para mi sobrino siempre salgo así, sí.
Ella: Ah ...
El retratista: Perdonen, si no se están quietos y me mantienen la pose vamos a estar  hasta mañana. ¿Ella puede apretarse un poco más contra el muslo de él? Venga, así, estupendo ...

(Pasa un rato, y el retratista deja de mirarles para echar en su paleta un poco más de "rojo laceración", que le va quedando poco, y ella aprovecha para meter baza)
Ella: ¿Y a tu sobrino le gusta que le envíes retratos tuyos marcando pectorales de esa forma y con el ceño fruncido? ¿No les parece mal a sus padres?
El: ¿Y por qué les iba a parecer mal? Así se va formando una idea de lo que es la vida y no como los hijos de esos decadentes nobles, entregados a ocupaciones blandas y débiles.
Ella: Es que yo iba justamente por ahí ... No sería la primera vez que un noble de esos decadentes que tú dices le envía retratos suyos a un jovencito maquillado y semidesnudo. Si yo fuera la madre de uno de esos chicos le cortaba lo que te ya te estás pensando y lo desollaba con cantos rodados.
El: Tú te has criado en esta ciudad y no puedes entender la franca y viril fraternidad que hay entre nosotros los arios norteños. Nosotros no hacemos de eso. Bueno, un primo segundo lo hizo pero lo despeñamos antes de que la cosa llegara a mayores.
El retratista: Caballero, no me cambie la expresión que así no hay quien trabaje.
El: Es que me ha venido tos, disculpe usted ...

(Paulatinamente, el firmamento se va llenando de tonos purpúreos)

Ella (susurrando): ¿Le queda mucho a este hombre?
El: Aguanta un poco más, mujer.
Ella: Es que tengo una legaña en un ojo y como me la quite con el dedo me vuelve a gritar. ¿Este no será de esos que se pintan ellos mismos en los cuadros?
El: No, te puedo asegurar que es un profesional y no es de esos que se les olvidan las caras y ponen la suya para disimular.
Ella: Lo que tú digas, pero seguro que aprovecha para poner su cara a uno de los muertos que has amontonado aquí abajo, esta gente es así de vanidosa.
El: No se atrevería, porque sabe que me daría cuenta.
Ella: Oye, bonito, tú darte cuenta poquito, porque a estos muertos los he despachado yo solita, que tú estabas muy ocupado yendo a por ese hacha que blandes tan orgulloso y no les has visto ni de lejos. Menos mal que una está a lo que hay que estar, no como otros.
El: ¿Pero te quieres callar?
Ella: Cómo me molestas cuando me aciertas, cómo me molestas cuando me aciertas ...
El retratista: Señorita, por favor ...
Ella: Es que aquí una se aburre de estarle agarrando la pierna a éste, que vaya una posturita.
El: Mujeres ...
Ella: Sí, sí. Mucho "mujeres", mucho "mujeres", pero a ver a qué tonta más que a mí ibas a enredar para esta tontería tuya del retrato para el sobrino. Perdone, señor pintor, me estoy meando, me voy a ese matorral de ahí y enseguida vuelvo.
(Ella hace mutis y los otros dos la siguen con la mirada. Se dispone tras el matorral y, si de esta escena se hiciera una representación sonora se podría incluir para evocar la micción el clásico efecto especial de dejar caer agua de una jarra sobre un vaso. Pero sólo si no se tiene miedo a caer en la vulgaridad) 

Ella: Ya. Qué a gusto se queda una. Que sí, que ya me pongo pegada al muslo de este hombre. Oye, ¿llevas todo este rato desde que me he ido igual, así con el hacha en ristre? Cómo se nota que estás fresco, no como yo, que tuve que acabar con esta docena y tengo una contractura en el hombro de tanto manejar este hacha que tiene un único filo pero que siempre, siempre tengo a mano. No, no me pongas esa cara que te hemos calado todos. Es acabar la batalla y todos derrengados se echan en el primer jergón que pillan a vendarse las heridas y a remendarse el uniforme, no como el señor, que como está fresco como una rosa y no huele a sudor, arrasa entre las supervivientes.
El: Yo por lo menos no he matado a doce hombres por querer salirse de la rotonda sin tener la preferencia. Tampoco cuesta tanto resolver las diferencias como personas civiliz ... como personas razonables.
Ella: ¡A mí nadie me dice "Mujer tenías que ser"!
El retratista: ¡Señorita, basta ya, que yo así no puedo trabajar! Un respeto para el artista, hombre.
Ella: Que sí, que ya me estoy quieta ...

(La bóveda celeste está teñida entera de una sinfonía de tonos purpúreos y ambarinos mientras el sol se dirige de manera inexorable y porque no tiene mejor cosa que hacer hacia el ocaso)

Ella: ¡Oye, el marrano este me está pintando más grandes las tetas! ¿Y esto se lo envías a tu sobrino? Muy bonito, sí señor. Luego irá presumiendo en la aldea "Mira qué tetas más grandes tienen en la ciudad a donde ha emigrado mi tito" ¿Esta es la educación que les dais?
El (sin saber dónde meterse): ¿Pero tú no sabes que todos los pintores pintan así?
Ella: Que sí, que yo cuando tenía trece años también me ponía relleno, pero lo de este hombre es exagerado.
El retratista: ¿Pero se quiere usted callar? Que si esto, que si lo otro, que si el hacha, que si me meo, que si me pintan las tetas grandes... Señorita, pues ya va siendo hora de que sepa usted ... ¡que tiene las tetas grandes! ¡Y punto! Póngase ahí y déjeme trabajar que yo sí que voy a coger el hacha.
Ella: Ni abrir la boca puede una. Ya me callo, ya ...

(Lánguidas y temblorosas, las sombras de los matorrales crecen y se extienden sobre la rotonda. En cambio, para llevar la contraria, el resto de la vegetación proyecta unas sombras rectilíneas y perfectamente definidas como con escuadra y cartabón) 

El retratista: Bueno, ¿ven como cada vez queda menos? Si me permiten un momento, creo que voy a buscar ese matorral. Descansen, si quieren.
(El retratista hace mutis y se encamina al matorral más cercano)
Ella: Madre mía, qué picor por todos lados. Uff, qué alivio.
El:  Oye, si no te llegas a la espalda no te rasques con el mango del hacha que el día que te equivoques de lado te desgracias.
Ella: Deja, hombre, que no sabes la de usos que se le puede dar a esto. Nunca me separo de ella.
El: Déjame a mí que te rasque yo. ¿Mejor así?
Ella: Bueno, sí, qué gusto. Para, que ya has rascado bastante y por ahí no me pica.
El: ¿Y no sientes un picor en...?
Ella: No, que sé por dónde vas. Ya te he dicho que estoy en una etapa que prefiero explorar la sexualidad entre mujeres.
El: Pues a mí no me importaría ...
Ella: Cuando digo entre mujeres es entre dos mujeres (bueno, quien dice dos, dice más) y nada más que dos mujeres. Sin ningún tío uniéndose a la fiesta. ¿Tan raro es de entender?
El: En mi pueblo las mujeres norte ...

(Tras su vuelta del matorral, mientras va concluyendo la obra, el pintor piensa todo el tiempo que resultaría mucho más interesante olvidar esa pose tan hierática con el hacha en ristre y retratarlos tal y como se los encontró, con ella sosteniendo el hacha por el extremo del filo hasta hacer que el mango se perdiera por entre el taparrabos del norteño cuyos gritos estaban ahuyentando toda la vida animal cercana a la rotonda)

(Y, de una puñetera vez, el sol se pone del todo. FIN)




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¿De qué va esto?

No sabéis dónde os metéis .... Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia del todo, pero casi. Friquis, aznarquis, hards, gafapastas, conanianos, trekkies ... todos ellos pasados por la turmix (o la thermomix) de la parodia.