Cualquier chaval que entre en la categoría de "millenial" debe estar
preguntándose a que viene tanta pasión por la década de los ochenta con
"Stranger Things", grupos de revival de "Dire Straits" y "Wham!" y
coetáneos y tanto "synthpop" con imágenes en tonos magenta y cyan y
efectos de aerógrafo. El motivo del interés por esta época no hay que
buscarlo en los movimientos estéticos del momento (los calentadores, los
pantalones "fuseau" y las hombreras se bastan y se sobran para espantar
al más pintado) o en la particular configuración geopolítica de la
época (por mucho miedo que nos dé el terrorismo yihadista, no da tanto
susto como dos superpotencias nucleares capaces de extinguir la vida
humana del planeta veinticinco veces) sino en ese franja de edad en la
que está por la gente que tiene ya cuarenta tacos y le ha dado tiempo de
adquirir un nivel adquisitivo medio o ha llegado a un nivel decisorio
importante en el terreno de la producción audovisual (aunque para llegar
a la cúspide como JJ Abrams, Peter Jackson o Guillermo del Toro ya hay
que estar en la cincuentena).
Aunque en los propios länder que
pertenecieron a la antigua Alemania del Este no deja de haber cierta
nostalgia morbosa por los tiempos de la difunta República (atención que ahora viene el chiste) Democrática Alemana que en cierta medida explotó
la película "Goodbye Lenin", hay un grupo de "ossies" escandalizados de
que alguna gente parezca tenerle aprecio a aquella época que retrata de manera menos
amable "La vida de los otros". Para ello, han montado un parque temático
"con la sana intención de escarmentar a tanto tonto que echa de menos
los asquerosos ochenta y que dice que con Honecker se vivía mejor" en el
que los asistentes pueden disfrutar (entendiendo en un sentido muy
amplio la palabra "disfrutar") de televisiones Telefunken en blanco y
negro que obligan a levantarse (nada de mando a distancia) para cambiar
el UHF por el VHF y así alternar entre discursos orientados a la
juventud emitidos por miembros del Partido (el lector atento ya se
imaginará de qué partido), recitales de poesía de hermanamiento con
miembros de otras Juventudes Comunistas de todo el mundo y dibujos
animados procedentes de la también pasada Checoslovaquia. Más de uno se
ha visto obligado a terminar el "paquete de experiencia" antes de tiempo
y se ha lanzado a toda prisa hacia el Burger King más cercano a meterse
entre pecho y espalda un "Happy Meal" y a abrazar alborozado los tres
muñequitos de Transformers que venían adjuntos, feliz de retozar en el consumismo más descarado.
El Operación Triunfo de la República Democrática Alemana |
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